lunes, 13 de diciembre de 2010

EL PERSONAJE NO RECONOCIDO DE LA HISTORIA ARGENTINA

Martín Miguel de Güemes: “El verdadero héroe de Suipacha”

“Por años venimos practicando la autopsia del cadáver de la Patria Grande y en esas sagradas vísceras, hemos encontrado en abundancia cianuro:
son los hechos negativos, y, uno de ellos, es el desaprovechamiento de la victoria de Suipacha”

Luis Güemes. (Bisnieto de Martín Miguel de Güemes.

Autor de “Güemes Documentado”)

Un café con revisiones

En 2005, sentados a la mesa de un barcito porteño y en una charla sobre las reivindicaciones históricas, me dice el salteño Miguel Solá “todavía no se ubica a Güemes como corresponde, bien alto, al lado de San Martín, al lado de Belgrano, y sobre todo bien alto como ideal y ejemplo de los argentinos”. Le respondo con la frontalidad, el racionalismo y la poca diplomacia que me caracterizan que carezco de la información y de la bibliografía necesaria para rectificar o ratificar su opinión, pero que me comprometo a profundizar sobre el tema.

Mientras saboreo mi café, ya tibio y sin humo, pienso en Arturo Jauretche cuando manifiesta que “lo que se nos ha presentado como historia es una política de la historia”.

También, mi memoria larga ubica una frase que repite en sus charlas Norberto Galasso: “la historia es la política pasada, así como la política es la historia del presente”.

La conversación continúa y quedamos para otro encuentro.

Intercambiamos direcciones y contactos.

Nos despedimos afectuosamente.

Al llegar a mi casa busco en mi biblioteca el sector reservado a la historia argentina.

Pasan por mis manos algunos escritos de: Bartolomé Mitre, Alfredo Grosso, Adolfo Saldías, Ricardo Levene, Carlos Ibarguren, Ignacio Anzoategui, Manuel Gálvez, Ernesto Palacio, Vicente Sierra, José María Rosa, Fermín Chávez, José Luis Romero, Tulio Halperín Donghi, Luis Alberto Romero, Félix Luna, Abelardo Ramos, Enrique Rivera, Arturo Jauretche, Miguel Angel Scenna, María Sáenz Quesada, Norberto Galasso, entre muchos otros.

Güemes, Güemes, Güemes, poco, poco y no coincide con lo charlado con Solá.

Teléfono en mano, rodeado de libros apilados, llamo a Galasso:

“Hola Norberto. ¿Qué sabés de Güemes?”.

Silencio breve…

Me responde: “Mirá, si Mitre no lo quería y San Martín lo considera un amigo de absoluta lealtad, le da varias misiones y se le nublan los ojos cuando le comunican su muerte, ya tenés un punto de partida”.

A los pocos días, recibo una gran encomienda que contiene varios tomos de “Güemes Documentado” de Luis Güemes -bisnieto del prócer- y boletines del Instituto Güemesiano de Salta. Remite Miguel Solá.

En otra oportunidad, me obsequia sus obras: “Güemes y la Academia Nacional de Historia”, “El gran bastión de la Patria” y el audiovisual educativo “La guerra de la independencia en el norte”.

A posteriori, tomo contacto con el periodista e investigador Martín Güemes Arruabarrena, quien también me desasna sobre su homónimo y la trascendencia de su labor.

Finalmente, desde hace un par de años, la profesora María Cristina Fernández responde mis dudas desde su e-mail y me envía el “Boletín Güemesiano”.

Hoy, después de un lustro de estudios sobre Güemes, rescato un alto escalón, entre muchos, en su breve pero importante vida de patriota: su intervención decisiva en el triunfo de Suipacha en pos de forjar una Patria Grande.

Entre bronces, monumentos y olvidos

Como expreso en mi investigación “En Bronce Eternizados. La colonización pedagógica monumental” –aún en estudio para su publicación- en el “Monumento al general San Martín y a los Ejércitos de la Independencia”, sito en la zona de Retiro, en la “Plaza Libertador General San Martín”, omiten al patriota salteño.

En la construcción que erige el alemán Gustavo Eberlein no hay ninguna figura o situación que rememore la lucha de Güemes y sus bravos gauchos.
Los relieves contienen:

1. Batalla de Tucumán,

2.Batalla de Salta,

3.Reconocimiento de Montevideo,

4.El ejército paraguayo presenta armas al ejército argentino después de los heroicos combates de Tacuarí,

5.Batalla de Ayohuma, general Belgrano llama a reunión bajo el fuego del enemigo,

6.Combate de Riobamba, carga del general Lavalle,

7.Paso de los Andes,

8. Independencia del Perú,

9. Batalla de Maipú,

10. Batalla de Chacabuco,

11. Combate de San Lorenzo. Figuras:

12. Minerva. Grupos alegóricos:

a. La partida para la guerra,

b. La batalla,

c. La victoria,

d. El regreso del vencedor.

¿Y Suipacha?

A ningún integrante de la Comisión Nacional para los festejos del Centenario se le ocurre incorporar la Batalla de Suipacha, menos aún al verdadero gestor del triunfo americano: Martín Miguel Juan de Mata de Güemes.

Un dato poco conocido por los lectores de “mitos históricos” es que entre 1810 y 1821, los salto-jujeños soportaron más de 150 enfrentamientos ante las fuerzas realistas.

Los errores sobre Salta y Güemes en la Historia Oficial

El historiador Luis Oscar Colmenares apunta, en 1999, que “la razón principal [de la mala comprensión de Güemes y su lucha] fue la profunda división existente entre güemistas y antigüemistas, a la muerte del prócer”, pero en 2010,1 no deberían quedar dudas de que estamos ante un verdadero héroe.

Sin embargo, aún se lo presenta con el viejo estigma mitrista de “defensor de la zona norte”.

Esta simplificación queda plasmada a partir de que Bartolomé Mitre expresa que “desde ese día[en que Belgrano no puede enviar fuerzas para atacar a los enemigos en la Quebrada de Humahuaca] el ejército auxiliar del Perú quedó perdido para la guerra de la Independencia; pero la inmunidad de la frontera argentina por el Norte era un hecho y Salta bastaba para hacerla respetar”. 2

Opina Colmenares que esa “deformación ha calado tan hondo, que hasta entre los mismos salteños se oye hoy [1985] llamar al prócer ‘defensor de la frontera norte’”. 3

Es erróneo plantear a Salta como “frontera norte”, pues desde su fundación se constituye como “centro geográfico y nexo esencial entre tres puntos de América: el centro virreinal de Lima, producción fiel de las cortes europeas; las mermadas riquezas de las minas del Alto Perú, todavía fuente de los recursos necesarios para el imperial andamiaje español; el puerto de Buenos Aires con las facilidades de conexión con la Madre Patria”. 4

Además de estar ubicada en el centro de las Provincias Unidas en los años de emancipación americana, Salta es parte de la Intendencia de Salta del Tucumán, conformada -además de las dos mencionas- por Santiago del Estero, Catamarca, Tupiza y Tarija.

Recién es frontera cuando se segrega, en 1825, el Alto Perú. Güemes muere cuatro años antes.

Además, esos valientes defienden todas las provincias situadas al sur del Alto Perú.

De la invasiones inglesas al “triunfo perdido”

El alférez Güemes, de 21 años, procedente de Salta, presta servicios como ayudante de Santiago de Liniers y Bremond en los Bajos del Retiro, en 1806. El joven, al comando de 30 jinetes, ataca al “Justina”, una nave de la escuadra del almirante Home Riggs Popham que queda encallada en la zona al bajar las aguas.

Los derrotan y toman la bandera-estandarte del invasor.

Es denominada “del Retiro” y hoy, se encuentra en la iglesia de Santo Domingo, sita en Defensa y Belgrano.

Además, en 1807, como integrante del plantel del Regimiento de Infantería, tiene una destacada actuación.

Luego, enferma y se le otorga el permiso para regresar a su provincia, donde el cadete presta armas en el Regimiento de Infantería.

En 1809, es ascendido por la Real Cédula de la Suprema Junta Gubernativa de España e Indias.

El subteniente salteño, un año después, está al servicio del movimiento de Mayo desde el primer momento.

La novel Junta de Buenos Aires dispone extender y legitimar su autoridad al resto del virreinato.

Como el acatamiento al nuevo gobierno no es uniforme, organiza dos expediciones militares para “convencer” a los levantiscos: una, al Paraguay y la otra, al Alto Perú.

Manuel Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano, al frente de la primera, triunfa en Campichuelo pero es derrotado en Paraguarí. En marzo de 1811, es atacado en Tacuarí y en situación crítica firma un honroso armisticio y se retira.

La otra expedición parte hacia el Alto Perú. Deben superar, en primer término, a los sublevados en Córdoba.

Allí, el gobernador intendente Juan Gutiérrez de la Concha, junto a alguno de sus funcionarios, no reconocen a la Junta, la que envía a Francisco Ortiz de Ocampo y a Juan Hipólito Vieytes para arcabucear a los rebeldes.

Pero los ejecutores dudan y no cumplen las instrucciones emanadas de los altos mandos porteños.

Mariano Moreno, ante esta desobediencia, le informa a Feliciano Antonio Chiclana en carta muy privada que estos hombres se “cagan” en las órdenes impartidas por la Junta.

Imagino el brete en que se pondrían nuestras pobres maestras al expresar a los educandos las “emotivas” y directas palabras del “lumen de Mayo”.

Y, para colmo de desgracias para la explicación de las educadoras, el que pega el tiro de gracia al francés - otrora héroe de la Reconquista- es Domingo French, quien según la historia canónica, reparte cintitas celestes y blancas en la Revolución de Mayo.

El gobierno de Buenos Aires reemplaza a los indecisos por Antonio González Balcarce y Juan José Castelli, quienes fusilan a los contrarrevolucionarios. Entre los castigados está Santiago de Liniers.

Es lícito recordar que el virrey expulsado, Baltasar Hidalgo de Cisneros - alias “el sordo”-, se comunica con Liniers y lo nombra jefe de los ejércitos realistas y, en conjunto, avanzan hacia el norte para encontrase en Salta.

“La Linda” es la primera ciudad que aprueba al nuevo gobierno revolucionario con el gobernador de Potosí, don Francisco de Paula Sanz, y el presidente de Chuquisaca, don Vicente Nieto, para insurreccionarse contra la Junta.

Luego de cumplida la drástica misión, la expedición sigue su camino libertador hacia el Alto Perú (La Paz, Potosí, Cochabamba y Charcas) donde se encuentran los poderosos jefes realistas: brigadier Pío Tristán, mariscal Vicente Nieto, coronel Juan Ramírez Orozco, brigadier José Manuel de Goyeneche y Barreda, y capitán de fragata José Córdoba.

Tampoco Montevideo reconoce a la Junta. Juan José Paso es el elegido como diplomático. Si bien es escuchado, se le exige que Buenos Aires reconozca primero al Consejo de Regencia. Juan José Paso retorna.

Suipacha y la elisión de Güemes

Dejo bien asentado que la historia oficial reconoce el enfrentamiento en Suipacha, al igual que lo hace con la mentada y politizada batalla de la Vuelta de Obligado.

Asimismo, Suipacha se recuerda en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires con una calle (desde 1822, recorre los barrios San Nicolás y Retiro) y una plaza homónima (por ordenanza del 27 de noviembre de 1893, en el Barrio San Nicolás).

Las confusiones surgen debido a algunos “errores” en los partes oficiales que son tomados como fidedignos por algunos historiadores. Pareciera que estos utilizan algunas documentaciones probatorias y omiten o ignoran otras.

Es sospechoso, en algunos casos, que desconozcan los trabajos minuciosos de los historiadores salteños, pero… casualmente es Bartolomé Mitre quien al tomar como fuente los partes de Castelli cae en errores que reiteran otros investigadores.

Estudiosos como Vicente Fidel López y Miguel Otero, por nombrar algunos, testimonian otra versión, que parece ajustarse más a la realidad.

Pero si se equivoca Mitre… es humano, es el “padre de la historia erudita”. Además, se deja un diario de guarda espaldas y conviene no jugarse demasiado en su contra.

Así justifica Pacho O’Donnell que “ser revisionista no supone ser ‘antimitrista’.

Bartolomé Mitre fue un argentino excepcional que dirigió inmensos ejércitos, tradujo ‘La Divina Comedia’, llegó a presidente de la república.

Y también escribió los fundamentos de nuestra historia al mismo tiempo que la protagonizaba.

Tuvo la sensibilidad social de poner en superficie el heroísmo inconcebible de los caudillos altoperuanos, pero no pudo mantener esa objetividad al ocuparse de los caudillos federales tardíos, a quienes perseguía porque se habían constituido en un serio obstáculo para su proyecto de Organización Nacional.

La historiografía que el revisionismo cuestiona se plasmó años después, en parte basada sobre sus escritos, pero sobre todo al calor de una ‘educación patriótica’, cuyo objetivo fue hacer que las masas inmigrantes incorporasen ‘lo nacional’". 5

Es comprensible que, neodefensor a ultranza de la batalla de la Vuelta de Obligado, brinde loas a Mitre, morigere y elija las mejores palabras, pues lo publica en “La Nación”. Omite las “razzias” de Mitre en el Interior y la Guerra de la Triple Alianza.

En cuanto a los caudillos, es incuestionable que tiene cierta ojeriza contra todos los caudillos. Es más, a Güemes lo considera un caudillo funesto que contribuye con su ejemplo a la desorganización política y social.

Por buena fortuna, el jurista Dalmacio Vélez Sarsfield, en 1864, lo rectifica.

Nobleza obliga es decir a favor del traductor del Dante, que se corrige en parte y reconoce a Güemes en su “Historia de San Martín y de la emancipación sudamericana”. Incorpora que lleva a cabo “la más extraordinaria (…) guerra defensiva, ofensiva (…) la más original por su estrategia, su táctica y sus medios de acción”.

Pero continúa con su ojeriza hacia al caudillaje al sostener que el salteño “a pesar del poder despótico de que podía usar y abusar, y en medio de los vicios que deslustraban sus grandes calidades”.

Asimismo, Mitre minimiza su gesta cuando como presidente de la Junta Numismática Americana – actual Academia Nacional de Historia – envía una carta al nieto de Güemes, Martín Miguel Güemes Castro, en 1894, con motivo del aniversario de la muerte de su antepasado y lo califica de “defensor de Salta”, siendo que el homenajeado debería ser reconocido como “defensor de las Provincias Unidas”.

Tal vez, uno de sus peores detractores es el general José María Paz, quien proclama sin fundamentos: “Güemes, relajado en sus costumbres, poco sobrio y hasta carecía de valor personal, nunca se presentaba en el peligro”. 6

A lo que remata con infamia “hizo una guerra porfiada y tuvo la gloria de morir por la causa de su elección”. 7

Al referirme específicamente a la Batalla de Suipacha y la omisión de Güemes, transcribo algunos textos de autores que reiteran diversos errores.

A saber:

Ricardo Levene:

“Luego de la ejecución de Cabeza de Tigre, la expedición libertadora siguió hacia el norte, y poco tiempo después quedó bajo el mando de Balcarce y de Castelli, este último como representante de la Junta.

Avanzaron hasta la quebrada de Humahuaca, y recibieron el importante contingente que remitió Martín Miguel de Güemes.

En ‘Cotagaita’, tuvo lugar el primer choque de las fuerzas realistas y patriotas, el 27 de octubre, Balcarce fue rechazado en ese encuentro, pero pudo rehacerse y con nuevos refuerzos recibidos de Jujuy, esperó en ‘Suipacha’ al ejército español, que estaba bajo el mando de los generales Córdoba y Nieto.

Los patriotas derrotaron completamente al ejército español, al que tomaron la artillería y el vestuario.

La batalla no duró más de media hora, del día 7 de noviembre de 1810, pero fue decisiva (…) Dos importantes consecuencias para la causa de la Revolución: una de orden moral, pues era el primer triunfo del ejército argentino y comunicaba bríos y entusiasmos a los patriotas y la otra de orden político, pues las cuatro intendencias del Alto Perú se declararon a favor de la Revolución.

El secretario de la Junta Gubernativa, Mariano Moreno, con motivo de la victoria de Suipacha, escribió en ‘La Gazeta’: ‘El valor, energía y constancia que han desplegado nuestras tropas causan el asombro de nuestros enemigos.

Cuando pasen por nuestras calles les diremos: a vosotros se os debe la felicidad de que estamos disfrutando’”. 8

Pareciera que Güemes “remite”, envía tropas, pero no está presente en la batalla.

Fermín Chávez:

“El ejército del Norte tuvo suerte: pudo internarse en el Alto Perú y derrotar a los españoles en Suipacha”. 9

No menciona a Güemes.

María Saénz Quesada:

“Después de cumplir en Córdoba la orden de fusilar a Liniers, el doctor Castelli, fue recibido con afecto por el pueblo de San Miguel de Tucumán, volcado claramente a la causa de Buenos Aires.

En Salta encontró asimismo buena disposición (…) pero en el Alto Perú el panorama era muy diferente.

Con excepción de Cochabamba, los gobernadores intendentes habían buscado apoyo en Lima, donde el virrey enérgico, Fernando de Abascal, estaba resuelto a mantener el poderío español (…) después de la victoria patriota en Suipacha (Tupiza, hoy Bolivia), las ciudades altoperuanas acataron a Buenos Aires, Castelli no vaciló al firmar la sentencia de muerte del general Córdoba y de los gobernadores españoles de Chuquisaca y Potosí”. 10

No menciona a Güemes.

José Luis Romero:

“La expedición militar enviada al Alto Perú para contener a las fuerzas del virrey de Lima consiguió sofocar en Córdoba una contrarrevolución, y la Junta ordenó fusilar en Cabeza de Tigre a su jefe, Liniers, y a los principales comprometidos.

Pero los sentimientos conservadores predominaban en el interior aun entre los partidarios de la revolución; de modo que cuando Moreno comprendió la influencia que ejercerían los diputados que comenzaban a llegar a Buenos Aires, se opuso a que se incorporaran al gobierno ejecutivo.

La hostilidad entre los dos grupos estalló entonces. Saavedra aglutinó los grupos conservadores y Moreno renunció a su cargo el 18 de diciembre.

Pero antes, el ejército del Alto Perú había vencido en la batalla de Suipacha; pero en cambio, el ejército enviado al Paraguay fue derrotado no mucho después en Paraguarí y Tacuarí.” 11

No menciona a Güemes.

Miguel Angel Scenna:

“A los quince días de instalada, la junta dispuso el envío de una expedición auxiliadora que debía sofocar los focos de resistencia en el interior y establecer la autoridad central en el extenso territorio virreinal.

La componían un millar de hombres, para lo que se montaron dos compañías de Patricios, una de Arribeños, una de Montañeses y una de Andaluces, 600 infantes en total, a los que se sumaron 100 hombres para la artillería y otros tantos Blandengues de caballería.

El total fue puesto bajo el mando del coronel de Arribeños Francisco Antonio Ortiz de Ocampo, que llevaba por segundo al teniente coronel Antonio González Balcarce y como adscripto al vocal de la junta Juan José Castelli, a cargo del mando político.

Partieron a principios de julio, incorporaron refuerzos en el camino, y el 7 de noviembre de 1810, consiguieron el primer triunfo significativo de la revolución en Suipacha”. 12

No menciona a Güemes.

Juan Carlos Neyra:

“Primer triunfo de las fuerzas de la revolución de Mayo, al mando del general Antonio González Balcarce, contra los realistas de José de Córdoba y Rojas. Tuvo lugar el 7 de noviembre de 1810”. 3

No menciona a Güemes.

Teresa Eggers-Brass:

“El Alto Perú (…) estaba ocupado por tropas realistas (partidarias del dominio español en América) que habían ido a sofocar duramente los levantamientos de 1809.

Tras disolver la contrarevolución en Córdoba, partió de allí una columna de 500 hombres al mando de Balcarce.

Su primer encuentro con los españoles fue negativo, ya que en Cotagaita los patriotas fueron vencidos el 27 de octubre de 1810. Pero con los refuerzos enviados por Castelli se obtuvo la importante victoria de Suipacha el 7 de noviembre: los jefes realistas Nieto, Córdoba y Francisco de Paula Sanz fueron hechos prisioneros y fusilados. Gracias a ello, el ejército patriota pasa a la región de Chuquisaca (también llamada Charcas o La Plata); hoy la capital se denomina Sucre) y obtiene el reconocimiento de las cuatro intendencias del Alto Perú”. 14

No menciona a Güemes.

Lucas J. Luchillo, Silvia O. Romano, Gustavo L. Paz:

“(…) las reacciones frente al nuevo poder fueron disímiles y en varias regiones se inició la guerra. En el caso del Paraguay, el Cabildo de Asunción reconoció al Consejo de Regencia español y se preparó para enfrentar al ejército –Ejército del Paraguay- que, bajo el mando de Belgrano, integraron porteños, santafecinos y entrerrianos (…) En el Alto Perú, la reacción no fue uniforme y los sucesivos avances y retrocesos, provocados por la guerra, desgastaron a los ejércitos revolucionarios.

Luego del triunfo criollo en la batalla de Suipacha (noviembre de 1810), numerosas localidades adhirieron a la revolución; otras, la resistieron [solo mencionan al salteño después de la derrota de Sipe Sipe, en noviembre de 1815] la guerra se circunscribió a contener el avance realista por el norte; la defensa del territorio estuvo a cargo del gobernador salteño Martín de Güemes y de las fuerzas locales (sus famosos gauchos)”. 15

Para este “manual”, de instrucción secundaria, Güemes irrumpe en la historia a partir de 1815, cinco años después de Suipacha.

Felipe Pigna:

“(…) el Norte argentino se vio sacudido por la derrota de la contrarrevolución de Liniers. La subida de las tropas que perseguían al ejército enviado para plegarse a Liniers, que encabezaba José de Córdova y que fue alcanzado y derrotado por las fuerzas patriotas al mando de Balcarce el 7 de noviembre de 1810 en Suipacha, complicó la situación.

Al día siguiente de la primera victoria de las fuerzas revolucionarias y en un clima de enorme expectativa, se incorporó a las tropas Juan José Castelli y fue recibiendo comunicados de los rebeldes de las distintas zonas del Alto Perú que se sumaban a la causa americana”. 16

No menciona a Güemes.

En otro de sus obras “mitológicas”, luego de mencionar la toma de “la goleta ‘Justine’”, agrega a continuación que “tras la Revolución de Mayo, Güemes se incorporó al ejército patriota destinado al Alto Perú y formó parte de las tropas victoriosa en Suipacha”. 17

No destaca la actuación de Güemes.

En tanto que en su sitio web, apoyándose como fuente en Historia de la Argentina – Los primeros Gobiernos Patrios (1810-1813), Ediciones Garriga Argentinas, Buenos Aires, junio de 1973, de Vicente D. Sierra, trascribe:

“Antonio González Balcarce consideró conveniente dirigirse a Suipacha para no dejar que esta población cayera en manos del enemigo.

El 6 de noviembre al atardecer, acampó en el pueblo de Nazareno, río por medio con la villa de Suipacha. (…) En la misma fecha Castelli escribía a Salta: ‘Chiclana mío: seré inoportuno hasta el extremo mientras no vea volar las tropas, mulas, mulas, mulas, víveres, víveres, dinero, artillería y cuanto hace falta para hacer tronar al Perú en este mes o tronar yo el primero’.

Por su parte, José de Córdova (al mando de las tropas realistas)…recibió a Vicente Nieto con doscientos veteranos de Chuquisaca… (…)

Córdova estaba convencido de que el enemigo se encontraba desmoralizado por encontrarse dividido en opiniones encontradas (…)

La mala opinión que Córdova se había formado sobre el estado espiritual de la vanguardia patriota se debió a una estratagema de González Balcarce.

Para engañar al enemigo envió a Tupiza a un indio bien aleccionado, con la misión de difundir falsas informaciones sobre la moral de la tropa a su cargo.

Llamado por Córdova, el indio hizo a éste creer que los patriotas marchaban descontentos y mal armados.

A orillas del río Suipacha…, el 7 de noviembre apareció la vanguardia de Córdova… González Balcarce había ocultado gran parte de su infantería y artillería entre los cerros y quebradas vecinas.

Largo rato permanecieron ambas fuerzas sin decidirse a entrar en acción, lo que determinó a Antonio González Balcarce a adelantar doscientos hombres con dos cañones, para provocar la lucha.

El enemigo adelantó algunas guerrillas, ante las cuales los patriotas iniciaron una retirada en aparente desorden, al punto que hizo creer a Córdova que huían sin presentar lucha. Imprudentemente dio orden de perseguirlos, avanzando con toda su fuerza hasta las proximidades de la quebrada de Choroya.

En este punto los patriotas volvieran la cara, a tiempo que las fuerzas ocultas salían de su escondite para atacar inesperadamente.

En el parte del encuentro enviado a la Junta por Castelli se lee que la infantería cargó ‘con tanto esfuerzo, valor, firmeza y gallardía’ que desordenó completamente al enemigo, y que éste se dio a la fuga por cerros y caminos excusados, arrojando banderas, armas y municiones. Media hora duró la batalla de Suipacha. (…)

El triunfo de Suipacha encontró a Castelli en Yavi, desde donde (8 de noviembre) despachó la primera información para la Junta, que amplió dos días más tarde desde Tupiza, mediante un parte completo de la batalla que fue conducido a Buenos Aires por el mayor de Patricios Roque Tollo (…) Una de las banderas tomadas fue enviada a Buenos Aires por Castelli, con una nota que decía: ‘A fin de que V. E. la destine a la sala del rey D. Fernando, con las que adornan su retrato’”. 18

No menciona a Güemes.

Sobre el envío del indio aleccionado para mentir amplío más abajo.
Continuará...

Néstor Genta

Bibliografía y reconocimiento de autores:
1 .Colmenares Luis Oscar. Martín Güemes. El héroe mártir. Ciudad Argentina. Buenos Aires. 1999. en Prólogo página s/n.
2. Mitre Bartolomé. Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina. Tomo III. Jackson. Buenos Aires. 1949. p.259.
3. Colmenares Luis Oscar. Bernardo Frías, descubridor del rol de Güemes en la emancipación de América. Boletín del Instituto Güemesiano de Salta. Nro. 12. Salta. 1987.p.103.
4. Pistoia Benito Honorato. El pensamiento político de Güemes. Boletín del Instituto Güemesiano de Salta. Boletín nro. 2. Salta. 1978. p.41.
5. O'Donnell Pacho. Una epopeya largamente ocultada. La Nación. 18 de noviembre de 2010.
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1325770
6. Perdiguero César. Güemes en el banquillo. Todo es historia. Nro. 12. 1968. p.17.
7. Ibid. p. 18.
8. Levene Ricardo. Lecciones de historia argentina. Suipacha. 16va. Edición. 1937. J. Lajounane & Cia. Editores. Buenos Aires. p. 29/30
9. Chávez Fermín. Historia del país de los argentinos. La lucha militar. A. Peña Lillo Editor.2da. edición. Buenos Aires. 1972. p. 106.
10. Sáenz Quesada María. La Argentina. Historia del país y de su gente. Castelli: del triunfo de Suipacha al desastre de Huaqui. Editorial Sudamericana. Buenos Aires. Segunda edición. Mayo 2001.pp. 221/2.
11. Romero José Luis. Breve Historia de la Argentina. La independencia de las Provincias Unidas (1810-1820). Fondo de Cultura Económica. 3ra. Reimpresión. Buenos Aires. 1999. p.52
12. Scenna Miguel Angel. Los militares. El Ejército de la Independencia. Las intervenciones políticas. La crisis de mayo. Editorial Belgrano. 3ra. Edic. Buenos Aires. p.24.
13. Neyra Juan Carlos. Prontuario de próceres y traidores. Ediciones Cícero. Buenos Aires. 1990. p. 328.
14. Egger-Brass Teresa. Historia Argentina. Una mirada crítica. 1806-2006. 1ra reimpresión. 2007. Editorial Maipue. Ituzaingó. Provincia de Buenos Aires. Primera campaña al Alto Perú. pp.83/4
15. Luchilo J. Lucas y otros. Historia Argentina. Ediciones Santillana. Secundaria. Buenos Aires. 1995. Los avatares de la guerra (1810-1815) p. 84.
16. Pigna Felipe. Los mitos de la historia argentina. La construcción de un pasado como justificación del presente. Del ‘descubrimiento’ de América a la ‘independencia.’ La Revolución de Mayo. Allí va la revolución andando. Grupo Editorial Norma. Buenos Aires. 2004. p. 278
17. Pigna Felipe. Los mitos de la historia argentina 2. De San Martín a ‘el granero del mundo’. Planeta. Buenos Aires. 2005. La tierra en armas. Los infernales de Martín Miguel de Güemes. Enlazando ingleses. p. 100.
18. Pigna Felipe. Suipacha, la primera victoria patriota.


Nestor Genta

1 comentario:

  1. muy bueno, interesante y completo el blog; tmb soy de salta, espero tu visita; recien comienzo con esto del blog, abrazo

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