martes, 29 de mayo de 2012


                            29 DE MAYO


Nació ese día, cuatro días después de parida la Patria. 

Sin vestuario, munición y solo a lanza y sable se largó a los caminos para apuntalar la libertad. 

Nunca se le hizo fácil su accionar, desde Cotagaita y Suipacha hasta hoy acumuló en su haber coraje y heroísmo. 

Donde la Patria necesitaba un puesto, un fortín, una mera guardia o defenderse de una agresión allí siempre estuvo y sus hombres no escatimaron sacrificios ni tormentos y aunque solo tenían un brazo fuerte y un sable para defenderla nunca se supo de ninguno de ellos que le diera la espalda.

Hoy quieren matarlo. 

Se han juntado mercenarios traidores y descaradas meretrices que repiten estrafalarias historias nacidas de aquellos que con las armas nunca pudieron derrotarlo. 

Hoy apelan al desconcierto estúpido de los que, muertos de miedo, les golpeaban las puertas para que los salvaran de un destino de lacayos y ya tranquilos aceptan hoy como verdad cualquier afrenta vil que se use para desangrarlo.

Sin embargo, pese a que esta caterva roñosa cuenta con medios de difusión de cualquier color y enjuague, con escribas que pergeñan textos amañados y con genuflexos urgidos por puestos y canonjías, se me hace que no lo van a lograr.

Quizás haya más razones pero se que no lo van a lograr porque veo a Viejos Soldados tomar la persecución de que son objeto como un acto de servicio más, porque pese a las diatribas infames, a las mentiras abyectas, a las descaradas traiciones hay quienes siguen creyendo con fuerza de dogma que un soldado, al igual que un sacerdote, es in aeternum, que no necesita un uniforme para ser lo que es, pero que si lo tiene no lo deshonrará, pero fundamentalmente porque aún hay quienes, jóvenes, sabiendo que su futuro será de privaciones siguen creyendo que es milicia la vida del hombre sobre la tierra.

Solo le pido a Dios Nuestro Señor- Nuestro Dios de los Ejércitos- que le siga dando fuerzas, lo afirme en sus tradiciones, lo sustente en los malos momentos y proteja siempre a sus hombres, que seguro jamás rezan por sus vidas sino por cumplir cabalmente con su deber, porque si algo es seguro es que sin él no hay Patria.

JOSE LUIS MILIA

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