domingo, 19 de febrero de 2012

BATALLA DE SALTA

Batalla de Salta - Aristene Papi



Cuadro de la Batalla de Salta de Aristene Papi


Durante los cuatro meses que siguieron al sonado triunfo de Tucumán, se refuerzan los efectivos del ejército y se aprovisiona para hacer frente a las necesidades de la próxima campaña, que tiene por meta a Salta.

A principios de enero de 1813 el ejército se pone en marcha hacia el norte.

Ya para el 11 de febrero el grueso de las tropas había cruzado el río Pasaje.

Allí decide Belgrano que las tropas presten el juramento de fidelidad a la Asamblea General Constituyente que, con ; gran pompa, ha inaugurado sus sesiones en Buenos Aires el 31 de enero.

En momentos en que el ejército comandado por el general Belgrano avanzaba hacia Salta con intención de vencer a las fuerzas españolas que bajo el mando del general Pío Tristán se encontraban a la sazón, acantonados en la ciudad de Salta; se encontró con un fuerte impedimento: la desmesurada fortificación que había realizado el general español del único paso de acceso a la ciudad, el portezuelo; lo que planteaba a su jefe una disyuntiva de hierro: entablar un combate en circunstancias desventajosísimas o desistir del propósito y retroceder.




En tales circunstancias, el 17 de febrero de 1813, el capitán Apolinario Saravia, ayudante del Gral. Belgrano comenta el General Paz en sus memorias- "se ofreció para conducir al ejército y salvarlo, avisando al General que, como salteño y habitante de por allí, tenía conocimiento de una senda extraviada y así por nadie conocida que, pasando por el escabroso laberinto de las montañas, pues los cerros se suceden unos a espaldas de otros, y poblada de vegetación, conducía en su prolongación hacia el norte, por cosa de dos leguas entre el seno de los montes, hasta dar con una pequeña quebrada llamada de chachapoyas que desembocaba en la estanzuela de castañares, que estaba precisamente en el campo norte y lindero con la tablada de Salta, al opuesto lado de la sierra".

El general Belgrano tras recorrer pormenorizadamente el itinerario propuesto dió órdenes de como proceder para que el ejército avancen por él.

Esa noche, azotados por una lluvia espantosa, se inició la marcha de las fuerzas patriotas a través del fracturado terreno cubierto de espeso malezal, portando cincuenta carretas con pertrechos y doce piezas de artillería.
La estrechez del camino y lo torrencial de la caída de las aguas por las laderas circundantes, agudizaban las dificultades que la quebrada presentaba de por si para semejante tránsito, más, la decisión, el fervor, el Ansia de libertad que todos y cada uno de los componentes de la fuerza llevaban en su corazón, los impulsaba para que la suma de dificultades no los arredraran en su empeño e hicieran que en el amanecer del día 18 arribaran a la finca de castañares donde permanecieron hasta las 11 de la mañana del día 19, cuando iniciaron su marcha a la chacras de Gallinato.

El general Belgrano pernoctó el día 18 en una de las habitaciones de la casa de campo del Coronel Saravia, progenitor del capitán, su ayudante, que tan acertadamente había servido de guía.

Haciendo uso eficaz del color tostado de su piel, este leal oficial a quien llamaban "Chocolate Saravia", ansioso por conocer la cantidad y calidad de las fuerzas de Tristán, tanto como las posiciones que ocupaban; vistiendo ropas similares a la de los aborígenes, arreando una recua de burros cargados de leñas marcha hacia la casa de sus padres sita en la calle Buenos Aires de la ciudad de Salta.

Su disfraz le posibilitó cruzar frente al ejército realista y llegar a destino, donde entregó la carga de leña y regresar después a castañares para informar al General y posteriormente combatir junto a él.

El ataque comenzó el día 19, a las 11 de la mañana, en la pampa de Castañares con el ataque a la posición realista por la retaguardia.

Belgrano, seriamente enfermo, había preparado un carro para efectuar en él los desplazamientos, pero a último momento pudo reponerse y montó a caballo.

LA BATALLA:

El general Paz en sus Memorias póstumas describió el orden de batalla:
"Nuestra infantería estaba formada en seis columnas de las que cinco estaban en línea y una en reserva, en la forma siguiente: 1° principiando por la derecha, el Batallón de Cazadores a las ordenes del comandante Manuel Dorrego, 2° y 3° eran formadas del Regimiento N° 6 que era el mas crecido, una á las órdenes del comandante Carlols Forest, y la otra, aunque no puedo asegurarlo á las del comandante Ignacio Warnes, 4° del Batallón de Castas á las órdenes del comandante José Superi, 5° de las compañías del N° 2 venidas últimamente de Buenos Aires, al mando del comandante D. Benito Alvarez, 6° y última compuesta del Regimiento N° 1 al mando del comandante D. Gregorio Perdriel. La artillería que consistía en doce piezas, si no me engaño, estaba distribuida en los claros, menos dos que habían quedado en la reserva"

Participantes de la Batalla de Salta






Manuel Belgrano





Martín Rodriguez





Manuel Dorrego







Diaz Velez






Igancio Warnes









Pio Tristan








Gregorio Perdriel




Cornelio Zelaya







arlos Forest





Martina Silva de Gurruchaga





Apolinario Saravia




A las nueve de la mañana del día 20 se desplazó el Ejército Nacional cubriendo todo el ancho de la planicie que en leve plano inclinado lleva a la ciudad. Marchaba compacto sobre el centro con la caballería e infantería, separada por sectores, reserva plegada y dos columnas de caballería en ambos flancos.



Tristán lo esperaba fortaleciendo el lado izquierdo de su formación, pues el flanco derecho se apoyaba sobe el cerro San Bernardo, donde había distribuido una columna de tiradores que obstaculizaran las cargas sobre ese sector.

Precisamente esta disposición posibilitó al español controlar los ataques porque además de prevalecer en el llano rechazaba los avances sobre el flanco derecho por la eficaz acción de los tiradores del cerro y porque el terreno dificultaba las operaciones de caballería.

Al promediar el combate Belgrano cambió su táctica inapropiada. Movilizó la reserva, dotando de más efectivos de infantería y caballería y ordenó a Martín Dorrego, que había reemplazado al segundo jefe Díaz Vélez, gravemente herido, atacar vigorosamente ("... lléveselos por delante..."). Dispuso cargar simultáneamente con artillería y, luego de cruzar el campo, condujo él mismo la avanzada contra las barricadas del cerro.




Al mediodía la situación varió. La furibunda carga de Dorrego arrasó el flanco izquierdo junto a las columnas de Cornelio Zelaya, Francisco Pico, Carlos Forest y José Superí (compartieron el honor de ser los primeros oficiales triunfantes de la ciudad) sostenían la persecución de las calles.

En tanto el centro y el ala izquierda patriota fue quebrando inexorablemente la resistencia.

Con la retirada cortada, los realistas vencidos retrocedieron desordenadamente quedando entrampados en el corral que circunda la ciudad, denominado Tagarete del Tineo, donde fueron diezmados por los criollos. El tramo final de la lucha se concentró alrededor de la Plaza Mayor, mientras el desbande y la persecución eran confusos y cruentos.
La calma llegó cuando desde la iglesia de La Merced doblaron campanas por la patria anunciando la rendición incondicional del invasor.



Batalla de Salta


Queda acordado que al día siguiente los soldados realistas salgan de la ciudad con los honores de la guerra, a tambor batiente y con las banderas desplegadas, y que a las tres cuadras rindan las armas y entreguen los pertrechos de guerra, quedando obligados por juramento, desde el general hasta el último tambor, a no volver a tomar las armas contra la Provincias Unidas hasta los límites del Desaguadero. Belgrano devolverá todos los prisioneros, a cambio de igual actitud por parte de los realistas, quienes deberán entregar los prisioneros patriotas que tiene Goyeneche en el Alto Perú.

Así desfilan 2.786 hombres. La caballería echa pie a tierra y rinde sus sables y carabinas; la artillería entrega sus cañones, carros y municiones. Belgrano dispensa al general Tristán de la humillación de entregarle personalmente la espada, y lo abraza ante todos los presentes.


Batalla de Salta




Rendición del Gral. Pío Tristán

Tres banderas son los trofeos de esta victoria. Diecisiete jefes y oficiales fueron hechos prisioneros en el campo de batalla; hubo 481 muertos, 114 heridos, 2.776 rendidos. En total, 3.398 hombres que componían el ejército de Tristán, sin escapar uno solo. Además, diez piezas de artillería, 2.188 fusiles, 200 espadas, pistolas y carabinas y todo el parque y la maestranza.

Luego de enterrar a los héroes del 20 de febrero de 1813, el General Manuel Belgrano colocó una humilde cruz de madera en la fosa común de los 600 guerreros muertos de ambos lados. El Gobernador Feliciano Antonio Chiclana la reemplazó, a pedido del mismo Belgrano, por otra cruz pintada de verde, con la leyenda cristiana ``A los Vencedores y Vencidos''.

Las capitulaciones firmadas con Tristán, permitían a los realistas volver a sus casas, previo el juramento de no tomar nuevamente las armas contra las Provincias Unidas. Esta lenidad en las condiciones, desató, contra Belgrano, las críticas de los partidarios de una acción enérgica.

"Siempre se divierten - le escribía a Chiclana: los que están lejos de las balas y no ven la sangre de sus hermanos... También son esos los que critican las determinaciones de los jefes. Por fortuna dan conmigo que me río de ellos, y hago lo que me dicta la razón, la justicia y la prudencia y no busco glorias sino la unión de los americanos y la prosperidad de la patria. . . ".

La Asamblea Constituyente. con fecha 8 de marzo, dispuso premiar a Belgrano con 4~0.000 pesos y un sable con guarnición de oro por el brillante triunfo obtenido.

Generosamente declinó el obsequio Manuel Belgrano. Y al hacerlo, comprometió para siempre la gratitud de Tarija, Jujuy, Tucumán y Salta, para quienes dispuso, con ese dinero, la creación de cuatro escuelas.

"Que renunciar, es poseer".

El Monumento 20 de Febrero

En el sector norte de la ciudad, se alza el Monumento a la Batalla de Salta, más conocido entre los salteños como 20 de Febrero, por ser esta la fecha en que se conmemora la victoriosa acción de armas del Gral. Belgrano en 1813.



Monumento 20 de Febrero



Este monumento proyectado por el escultor Torcuato Tasso, consta de un basamento ejecutado en piedra labrada proveniente de los cerros vecinos a la ciudad, y culmina con un magnifico bronce que simboliza la Victoria en la célebre batalla. Los relieves fundidos en bronce fueron realizados en Paris - Francia con la supervisión artística de la escultora salteña Lola Mora.




Parte Oficial de la Batalla de Salta

Exmo Sor.

El Todo-Poderoso ha coronado con una completa victoria nuestros trabajos: arrollado, con las bayonetas y los sables, el Exto, al mando de Dn. Pio Tristan, se ha rendido del modo qe. aparese de la adjunta capitulacion: no puedo dar á V. E. una noticia exacta de sus muertos y heridos, ni tampoco de los nuestros: lo qual hare mas despacio, diciendo unicamte pr. lo pronto, que mi segundo, el Mayor Gral. Diaz Velez, ha sido atravesado en un muslo de bala de fucil, quando exercia sus funciones con el mayor denuedo, conduciendo la Ala derecha del Exto. á la victoria: su desempeño, el del coronel Rodriguez, Gefe de la Ala isquierda, y el de todos los demas comandantes de Division, asi de Infanteria como de Caballeria, é igualmente el de los oficiales de Artilleria y demas cuerpos del Exto. ha sido el mas digno y propio de Americanos libres qe. han jurado sostener la soberania de las Provs. Unidas del Rio de la Plata; debiendo repetir á V. E. lo qe. le dixe en mi parte de 24 de Septre. pasado, qe. desde el ultimo soldado hasta el Gefe de mayor graduacion, é igualmte. el paisanaje se han hecho acrehedores á la atencion de sus conciudadanos y á las dis- tincio'. con qe. no duda qe. V. E. sabrá premiarles. — Dios gue. á V. E. ms. as. 20 á la noche de Febrero de 1813.
--Exmo. Señor—M1. Belguano.

—Exmo. supr. Govn°. de las Provs. Unidas del Rio de la Plata.

Exmo Señor

El Ejercito se propuso en el Rio de Juramto. otro tiempo el Pasaje, venir á celebrar el reconocimt°. de la Soberania de las Provincias Unidas del Rio de la Plata arrojando á los tiranos de esta capital; pues cabalmte. esto es lo qe. ha sucedido de un modo digno de los Americanos libres qe. mediante el decidido favor del Cielo, á proporcion de los obstaculos qe. se le presentan, redoblan su empeño pa. vencerlos.

Desde aquel punto escribí á V E. el dia 12 y á las seis de la tarde emprendí la marcha á la Cienaga con toda la fuerza reunida; segui á la Cabeza del Buey y en la mañana del dia 14, con motivo del parte num°. 1° continué á Cobos sin ser sentido del enemigo.

El suceso de la avanzada á qe. se refiere el expresado Parte llegó desfigurado á su noticia, y entre si era una de las partidas del Exto, ó el todo, llegué á Castañares con aquel en la noche del 17,, sin encontrar mas impedi- mtos qe. las aguas qe. á torrentes cayeron sobre nosotros desde Cobos, y un retazo de camino tan pesimo qe. el empeño y constancia de mis bravos camaradas supo vencer, quando los vaqueanos creian imposible su transito, ello és qe. las doce piezas de artillería qe. he arrastrado y cin- qüenta carretas pasaron felicemt°. y en la mañana del 18,, todo estaba reunido en el punto de Castañares, y aun el enemigo no lo creia.

Me habia propuesto sorprenderlo totalmte. hasta entrar pr. las calles de esta Capital; las aguas me lo impidieron, y yá fueron indispensables otros movimtos; pues qe. habiamos sido descubiertos, respecto á qe. fue preciso dar algun descanso á la tropa, y proporcionarle qe secase su ropa, limpiar sus armas, recorrer sus municions. y demas.

Asi se executó hta qe. á las once de la mañana del 19,, salí con el Exto de Castañares y me dirigí á su Pampa aproximandome á esta, hta situarme á las inmediacions.

de Gallinato, con cuio movimt°. logre descubrir la fuerza enemiga, y las diferentes posicion*, que tomó con sus guerrillas y avanzadas: en los choques con estas y aquellas, las de este Exto, compuestas de los Dragons., se comportaron mui bien hta desaloxarlos de los lug ares q°. ocupaban pr. mi costado dro, desde donde descubrian mis mo- vimtos.

Hasta qe. obscurecio permaneci en aquella situacion, y luego reuní en masa sobre la columna del centro las quatro restantes de ambos costados, destinando á la custodia de las carretas los cuerpos de reserva tanto de infantería y caballeria, y no quise valerme de las granadas pr. no perjudicar tal vez á las personas oprimidas por la tirania, ni hacer destrozos en un Pueblo qe. no tenia la culpa de qe. se abrigasen en él nros enemigos.
En esa noche la agua fue abundantisima, y, gloria eterna á los soldados de la Patria, qe. guardaban su arma y municions. con un cuidado grandisimo, prefiriendolas á si mismos, sufriendo el mojarse y estar á toda intemperie antes qe. permitir se les inutilizasen los medios de ofender á los tiranos.
Asi es qe., valiendome de la expresion vulgar, amanecieron como patos el dia 20,, mas, benigno el Cielo em- peso á despejarse y nos dio lugar pa. qe. las tropas se secaran, alistar las armas, y comer; concluido esto reuní á mi segundo el Mayor General Dn, Eustoquio Diaz Velez, Gefe de la ala dra, y al Coronel D. Martin Rodriguez, Gefe de la ala izquierda, y les di mis orns. p". ir al enemigo.

Cerca de las doce formadas las columnas de ataque llevando, quatro de ellas, á su retaguardia, ocho piezas de artilleria, empezaron su marcha con tanta exactitud en sus distancias las cinco qe. formaban la linea qe. quando se les mandó desplegar, hallandonos á medio tiro del cañon de á 6 hicieron la evolucion tan perfecmte. y con tanta serenidad, como si estubiesen en un Exercicio doctrinal.

El enemigo nos esperaba formado en batalla al norte del tagarete qe. llaman de Tinco y apoyaba su ala dra al Cerro de Sn. Benardo, habiendo abanzado por la falda de este hta las inmediaciones, de Gallinar su guerrilla de mas de doscientos hombes. favorecida de la zanja ó tagarete qe. corre al pie, y la ixquierda la sostenia con su caballeria.

Marchando el Exto á él hize adelantar dos compañias de cazadores del Batallon qe. formaba la cabeza, y salieron al mando de su comandte. D. Man1. Dorrego, á las q°. mandé sostener con la caballeria del ala dra, y entre tanto dispuse qe. una Seccion del cuerpo de reserva qe. lo formaba el Regimt". n° 1°. fuese á atacar la guerrilla qe. estaba en la falda de Sn. Bernardo como lo verificó al mando de Dn. Silvestre Alvarez, y pr. este medio, y el movimt°. retrogrado qe. hizo la caballeria enemiga, avanzando toda la linea del Exto en medio del fuego mas horroroso qe. hacia el enemigo hizo un cambio de frente á retaguardia, y arrollo qt°. se le presentó, é hizo huir vergonsozamte. á las lineas del enemigo á refugiarse en la Plaza dexando el campo cubierto de cadaveres y heridos, y muchos ahogados en el Tagarete.

Solo se mantuvieron auxiliados del cerro, bosque, y zanja de su frente las guerrillas y el R1. de Lima y Pancartambo, pero al fin con los fuegos del Cuerpo de reserva y la ala izquierda del Exto, y las piezas de artillería mandadas pr. el capitan Villanueva qe. fué contuso, y el Ayudte. de Dragones. Dn. José Maria Paz, tubieron qe. ceder el puesto, huir unos y rendirse otros, y dexarnos el campo de batalla pr. ntro en terminos de ser batidos por la parte norte de la Plaza de qe. distabamos tres quadras á lo mas sin otro obstaculo q°. vencer el tagarete qe. corre pr. su frente.

Entre tanto la ala dra y parte del centro con el Comandte. Dn. José Superi, dos piezas al mando del benemerito y valiente Teniente de Artilleria Luna en la persecucn. del enemigo entró á la ciudad y se apoderó de la Iglesia y Convt°. de la Merced, habiendo echado pie á tierra los Dragones. se tomaron varias cálles y las alturas hta quadra y media de la Plaza, asi con los piquetes de Casadores al mando de su Sargt°. Mayor Echavarria, Pardos Num.° 6, al mando de su Comandte. Pico, y Esquadron de Dragones. qe. habia en ella al mandó de Dn. Cornelio Zelaya, como el resto de Cazadores al mando de Dn. Manl. Dorrego, y los qe. habia en la linea del num°. 6. al mando de Dn. Carlos Forest y dos piezas mas al mando del Subteniente de Artillería Rabago á quienes embie a reforzar la Merced y puntos mas adecuados.

Acosado el enemigo y temeroso de su total ruina previno la intimacion qe. le iba á hacer, y me embió un Parlamentarío cuio resultado lo sabe V. E. pr. el tratado qe. le remití con fecha del mismo 20,, á la noche á qe. me movio el qe. no se derramase mas sangre, y dar una prueba al Mundo entero de los deseos de beneficencia qe. animan á V. E. y á quantos dependemos de su sabio gobierno, y no menos á ntros hermanos alucinados de qe. solo aspiramos á su bien y de ningun modo á su ruina y exterminio.

La accion duró tres horas y media, y ha sido muy sangrienta tanto en el campo como en las calles de la ciudad: los enemigos se han comportado con mucha enegia y valor; pero tubieron qe. ceder al ardor fuego y en- tuciasmo patriotico del Exto de mi mando qe. sin desordenarse llevaba la destrucn, y la muerte pr. do quiera qe. acometia: no hallo Exmo Sr., expresioes. bastantes pa. elogiar á los Gefes, offes., Soldados Tambores y Milicia qe. nos acompañó del Tucuman al mando de su Coron Dn. Bernabe Araoz, como igualmte. los hijos de Salta al mando del Coron. de la Milicia urbana, creada pr. mi, Dn. Apolinar Eigueroa, cuio ardor lo conduxo á tanta inmediacn. del enemigo qe. se encontró envuelto con él, recibió un zablaso del Gral Tristan, qe. solo rompió su casaca; y este á merced del buen caballo qe. montaba logró escaparsele, segun q. el mismo Tristan me lo ha referido.

Formé el Exto del modo sigte., dividí la infant. en seis columnas, conservando la caballeria en su formacn. de quatro Esquadrones: cinco Columnas componian la linea, á saber, la 1a- consistia en el Batallon de Casadores al mando de su comandte. Tente. Coronel Dn. Man1. Dorrego, y su 2°. el Sargento mayor interino del mismo Dn. Ramon Echavarria, y las Seccion6s. al de los capitanes Dn. Pedro Fuaristi Equino, Dn. Man1. Roxas, Dn Juan Anderson, Dn. Fran6°. Bustos y Dn. Cirilo Correa: la 2a. era el batallon de Pardos y morenos al mando de su Comandtc. Dn. Jose Superi y su 2°. el Sargto- mayor Dn. Joaquin Lemoine, y sus seccion*s. al de los Capitanes Dn. Inocencio Pezoa, Dn. Ramón Mauriño y Dn. Bartolome Rivadera: la 3a. al mando del Comandte. interino del N 6 Teniente Co- ron1. Dn. Franco- Pico se componia del primer Batallon del expresado Regimto., y sus seccion6s. al de los capitan68. Dn. Manuel Rafael Ruiz, Dn. Melchor Telleria, Dn. Pedro Domingo Isnardi, Dn. Juan Pardo de Zela: la 4a la formaba el 2°. batallon del nominado Regimt°. al mando de su Sarget°. Mayor Dn. Carlos Forest, y sus secciones al de los capitan6s. Dn. Francisco Antonio Sempol, Dn Jose An- tonino Pardo, Dn. Nicolas Fernandez y Dn. José Man^Gu- tierrez Blanco; la 5a. era el batallon N 2,,, al mando de su Comandte. el Tent°. Coron1. Dn Benito Alvarez y sus sec- cion6s. al de los Capitanes Don Patricio Beldon, Dn. Marcelino Lezica, Dn. Francisco Guillermo, y Dn. José Laureano Villegas: el 3r. Esquadron de Dragones. al mando de su Comandte, Dn. Cornelio Zelaya Comandte. interino de todo el Regimt°., y las seccion6s. la 1a. al del Capitan Dn- Rufino Valle, la 2a. y 3a al de los Tentes. Dn. Joaqn. Ochoa y Dn. José Olivera, cubrian la ala dra del Exto: el primer Esquadron del mismo, al mando del Capn. Dn. An- tonino Rodriguez, y sus seccion6s. la 1a. al del Capn. Dn, Bernardo Delgado la 2a. al del Tente. Du. Mariano Unzue y la 3a. al del Alferez Dn. Gregorio Iramain, cubrian la ala izquierda.

La 6a. Columna qe. sn componia del Regimt°. N 1°. al mando de su Tente. Coron1. Don Gregorio Perdriel, y su 2° el Sargt°. mayor Dn. Franc°. Tollo dividido en 4,, secciones al mando de los Capitan6s. Dn. Silvestre Alvarez, Dn. Mariano Diaz, Dn. Victe. Silva, y D». Luciano Cuenca formaba el Cuerpo de reserva de infanteria, y el de Caballeria lo componian dos Esquadron°s. de Dragones. al mando el uno del Comandte. y Sargento maior interino Dn Diego Gonzalez Balcarce, y sus seccione8, al de los Capitan°s. Dn. Gavino Ibañez Dn. Juan Man1. Millan y el Alferez Dn, Lorenzo Lugones; y el otro al mando del Capn. Don Domingo Arevalo; y sus seccion°s. la 1a al mando del Teniente Dn. Julian Paz, la 2a. del Capin. Dn. Alexandro Heredia, y la 3a del Alferez Dn. Juan José Ximenes; agregué pa. la accion á los Esquadrones de Milicias del Tucuman del mando del Corone1. Dn. Bernabe Araoz, y Dn. Geronimo Zelarayan con quienes estubo el Capitan de Dragones. Dn. José Valderrama.
Las piezas de artilleria del ala dra estubieron al mando del Tente. Dn. Antonio Giles; las del centro al mando del Tente. Don Juan Pedro Luna, y el Subtente. Dn. Agustin Rabago, las del ala izquierda al mando del Capn Dn. Fran6°. Villanueva: las quatro del Cuerpo de reserva al mando del Comandte. Capitan Dn. Benito Martinez y Dn. José Maria Paz.

Los Estados adjuntos N 1°. á siete manifiestan los muertos heridos y prisioneros del enemigo hechos en el campo de batalla qe. retengo, y los muertos heridos y contusos del Exto: asi mismo demuestran la artilleria, armas de chispa, y blancas, las municiones, de aquellas, y las banderas entregadas pr. el enemigo en el acto de rendir las armas el dia 21; advirtiendo qe. en el campo de batalla se les quitaron quatro piezas; dos banderas de Division, y varias cargas de municiones. asi de artilleria como de fusil.

No puedo asegurar á V. E. qe. cuerpo ni qe. individuo haya sobre salido mas qe. otro; solo diré qe á uno solo no hé visto volver la cara, y qe a muchos aun heridos y contusos tanto Gefes como Oficiales, y tropa los hé visto continuar en la accion con un empeño indecible, y con energia sin igual: el campo limpio y despejado con un suave declive desde mi posicion hta la plaza me ha proporcionado hallarme á la vista de todo en todos los instantes de la accion: de lo qe ha pasado en las calles de la Ciudad lo sé pr los partes q. se me daban, por los auxilios qe remiti, y por el feliz resultado qe me presentó el denuedo de los qe las ocuparon,

El zelo, la vigilancia y actividad de mi 2° el Mayor Gral Dn Eustoquio Diaz Velez en las marchas y buenas disposiciones anticipadas pa la subsistencia de la tropa desde qe le mandé á tomar el mando de las Divisiones qe marchaban al Rio de Juramto son mui dignas de la atencn de V E., no menos qe su valor en la accion, en qe aun despues de herido, se mantuvo con toda energia, recorriendo la linea, hta qe las fuerzas le faltaron, habiendo sabido ocultar su herida de la tropa, hta qe vista pr mi le obligué á retirarse: le recomiendo á V. E. encarecidamts, no menos qe á la concideracn de ntros conciudadanos.

Tambn debo hacer presente á V E. qe el Coronel Dn. Martin Rodriguez há desempeñado los encargos qe en la marcha desde el Rio del Jurament°., donde se me reunio, hé puesto á su cuidado, y asi mismo el mando del ala izquierda del Exto habiendose comportado en la acción con valor, y entrado á la Ciudad dado sus disposicione8, acertadas, y avisandome lo oportuno; és acreedor á las atenciones de V. E. pr su buen servicio, y el zelo y actividad con qe há continuado en las comisiones qe tiene á su cuidado.

Los Comandtes de Division á quienes nombro segun el orn qe ha tenido la formacion del Exto, Dn, Man1. Dorrego, qe salio contuso, Dn. José Superi, Dn. Fran°°. Pico, Dn. Carlos Forest, Dn. Benito Alvarez; Dn. Gregorio Perdriel, tambn. contuso; los de Dragones Dn. Cornelio Zelaya, Dn. Diego Gonzalez Balcarce Dn. Antonino Rodriguez y Dn. Domingo Arevalo con los respectivos oficiales de todas las Divisiones son acreedores á las considera- ciones. de V. E. por su valor y pr. su celo en conservar la disciplina y sobordinacn. deses. de una accn. tan gloriosa en qe. el soldado se cree autorizado pa. el desenfreno.

Mis Ayudtes. Dn. Ignacio Warnes, Dn. Fran6°. Castellanos, Dn. Geronimo Elguera, Dn. Man1. Saquera, Dn. Manuel Toro, Dn. José María Lahora, Dn. José Man1. Vera; los oficiales de los Cuerpos, qe. estaban á mis ordenes p". comunicarlas ün. Fran°°. Escobar de Casadores, qe. murio llevando una á la guerrilla á mi costado dro, Dn. Manuel Morilla, de Pardos, Dn. Pedro Torres, del N° 6, Dn. Luis Garcia del N°. 2, Dn. Antonio Segovia del N°. 1, Dn. Gregorio Madrid de Dragones., qe. salio herido en un muslo, y Dn. Juan Sancho de artilleria se han desempeñado mui á mi satisfaccion.

Los Ayudtos. del Mayor General, Capitanes Dn. Marcelino Cornejo, qe. salio herído, Dn. Hipolito Videla, el cadete del N°. 1, Dn. Domingo Diaz, y Dn. Rudecindo Alva- rado; los del Gefe de la ala izquierda Dn. Rafael Rocabado, y Dn. Francisco Echauri han servido con toda actividad y eficacia. y merecido los elogios de sus Gefes, y atencion mia.

No debo olvidar á los Capellanes del N° 1° D. D Roque Illezcas; del N° 2 Dn. Juan José Castellanos; del N° 6 Don Romualdo Gemio y Dn. Jose Maria Ibarburu; de Pardos Dn. Celidonio Molina, al de Dragon°s. D D Gregorio Telleria, al de Dragon6s. de la Milicia Patriotica del Tucuman D. D. Miguel Araoz; han exercido su santo ministerio en lo mas vivo del fuego con una serenidad propia, y han sido infatigables en sus obligaciones.
Tambien merece el Cirujano del N. 1°. Dn. Martin Rivero mi memoria y aprecio; las ciscunstancias hicieron qe. se hallase solo en la accion, y debo manifestar á V. E. qe. no perdio un instante en proporcionar á los heridos los auxilios de su facultad, y en cumplir exactamte. con sus obligaciones.
No cesaria Exmo Señor, de hablar de una accion tan gloriosa pa. las armas de la Patria, y cuias consequencias es facil preveer, si no temiese molestar á V. E.; diré so- lamte. qe. el Dios de los Exercitos nos há hechado su bendicion, y que la causa justa de ntra libertad é independencia se há asegurado á exfuerzos de mis bravos Compañeros de armas.—Dios gue á V E. ms. as. Quartel gral de Salta 27 de Febrero de 1813—Exmo Señor.— M1. Belgrano—Exmo Supremo Gobierno de las Provine. unide, del Rio de la Plata.
N°. 1°. Seran las ocho de la mañana en qe. me hé posecionado del punto de Covos pr. motivos de haber encontrado á un mozo qe. me informó qe. solo habia Diez hombres, con este motivo abanse y hé tomado prisionero seis y el Comandante muerto, ocho caravinas, un par de pistolas, y bayoneta una, un machete, y seis cananas, manteniendome en este punto asta las ordenes de Vmd. Covos, Febrero Catorce de mil ochocientos trece—AntoNio Silva.—Sor Comte. de la Vanga.—Es copia— D°1. Anchorena.

LlSTA DE LOS OFICIALES PRISIONEROS TOMADOS EN EL CAMPO DE BATALLA Y HERIDOS ALLÍ Y EN ESTA Qe. HAN QUEDADO

N. 2 Coronel el capitan de navio D. Antonio Alvarez Sotomaior herído.
Teniente Coronel del Real de Lima Comandte. D. Antonio Lesdael herido.
Subteniente de id D. Cayetano Lavaye,
Teniente de Artilleria D. Narciso Martinez.
Tente. Coron1 de Cotabamba D. Manuel Aragues
Teniente de id D. Juan Silva.
Subtente. de id D. Manuel Carrillo.
Capitan de Granaderos de Paruro D. Narciso Claros.
Capitan de id D. Manuel Garcia.
Tente. de id D. Tiburcio Ugarte.
Subtente de Paucartambo D. Marcos Cavero.
Cadete de id D. Sebastian leñazo.
Capitan de Abancay D. José María de Oquendo.
Capitan de id D. Bruno Celices con grado de Tente. Coronel.
Teniente de id D. Juan Bautista Ruiz herido.
Subteniente de id D. Pedro Ignacio Ugarteche.
Cadete D. Pedro Zuñíga.—Salta 27 de Febrero de 1813 —Mariano Diaz—Mayor de Campo.

Lista De Los Oficiales Del Exercito Enemigo Qe. Se Sabe

HUBIERON EN LA ACCION

N°. 5 Sargento Maior de Paruro D. Martin Indacochea. Capitan agregado al Real de Lima D. Juan Urquiza. Oficial del Cuerpo de Cotabamba D. Pedro Valdivieso. Oficial de Paruro D. Domingo Pacheco, id de Abancay D. Bernardino Victoria. id de Caballeria D. Venancio Benavides.—Q1 gral. de Salta Feb°. 27 de 1813—Mariano Diaz—M°r de Campo.
Capitulacion

El Sr. Genera] D. Manuel Belgrano xefe del exército de Buenos-Ayres, y el Coronel D, Felipe de la Hera en cargado por el de la vanguardia del Perú han acordado lo siguiente.

Articulo 1°

El exército del Perú saldrá mañana á las 10 de la plaza de Salta con todos los honores de la guerra, quedando ahora en la posicion que ocupan las tropas de las Provincias del Rio de la Plata. A las tres quadras rendirá las armas, y se entregarán con cuenta y razon, como igualmente artillería y municiones.

Articulo 2°
El General, los xefes y demas oficiales prestarán juramento de no volver á tomar las armas; y por todos los soldados del exército, á quienes les concede el señor general Belgrano que puedan restituirse á sus casas como á las provincias unidas del Rio de la Plata, en las que se com- prehenden las de Potosí, Charcas, Cochabamba y la Paz.

Articulo 3°
Se conviene el general Belgrano en que se le restituyan los oficiales y soldados prisioneros que hay en la plaza y territorio que se evacua, y pide que el general Tristan estimule a su general en xefe para el cange de los prisioneros hechos en las diferentes acciones de guerra desde la del Desaguadero inclusive.

Articulo 4°
Serán respetadas las propiedades así de los individuos del exército, como de los vecinos, y a nadie se molestará por sus opiniones políticas. En que se incluyen los oficiales, ó vecinos de cualquier otro lugar.

Articulo 5°
Los caudales públicos quedaran en tesoro baxo cuenta y razon que deberan presentar los ministros de hacienda.

Articulo 6°
El cuerpo de tropa que se halla en Jujui, deberá retirarse sin causar perjuicio alguno en su transito al interior, llevando sus armas.

Articulo 7°
El general Belgrano conviene en que el general Tristan haga un expreso á su general en xefe remitiendole copia de este tratado.

Y para su mayor validación, lo firmaron en la Tablada de Salta á 20 de febrero de 1813—Manuel Belgrano— Felipe De La Hera—Ratificado por mi, y el concejo con los demas oficiales de graduación de teniente coronel ín- clucive arriba, en la noche del mismo dia 20.—Pío De TrisTan.—Indalecio Gonzalez de Socasa—Pablo de Astete—José Marquez de la Plata—Manuel de Ochoa—Francisco de Paula Gonzalez—Juan Tomas Hoscoso—Buenaventura de la Roca —José Santos—Francisco de Noriega—Francisco Cavero— Antonio Bargas—Es copia Dr Anchorena.





jueves, 15 de septiembre de 2011

LA HISTORIA DEL MILAGRO

Hace 319 años nació la devoción de los salteños.

El 13 de septiembre de 1692, es decir, hace 319 años, toda la gobernación del Tucumán tembló a media mañana.

Y, aunque los movimientos sísmicos fueron muy fuertes, en la provincia Salta no hubo muertes que lamentar, a pesar de los derrumbes.

El sismo fue de tal magnitud, que en la tierra se abrieron grandes grietas de donde salían borbotones de agua y barro.

Fue una experiencia terrible para la población, que temía que todo desapareciera a causa de la furia de la naturaleza.

Se calcula en la actualidad, que en la escala de Richter, la intensidad del terremoto alcanzó entre 7 y 8 grados, con larga duración, tanto en el evento mayor como en las réplicas que se sucedieron a lo largo de toda la jornada.

Desesperación

La primera reacción de los pobladores, desesperados por el fenómeno, fue la de dirigirse de inmediato a la iglesia Matriz, para orar y solicitar la piedad de Dios.

Cuando la gente entró al templo se pudo ver que desde el nicho del altar mayor, a unos tres metros de altura, aproximadamente, se había caído la imagen de la Virgen.

Pero que pese a los destrozos causados por el sismo estaba intacta, no había sufrido ni un rasguño.

De otro templo, también ubicado frente a la plaza principal de la ciudad, habían salido los padres de la Compañía de Jesús, escoltados por una gran cantidad de gente.

Los religiosos iban orando con un crucifijo y eran acompañados por muchos vecinos, en peregrinación.

A estos se le sumaron los fieles de la iglesia Matriz que habían salido rápidamente de ella por temor a un derrumbe del edificio, pues los sismos continuaban con gran violencia y persistencia.

Las procesiones

Por la tarde y en las primeras horas de la noche hubo varias procesiones.

Una se hizo por iniciativa de los curas mercedarios y otra de los jesuitas.

Mientras tanto, el vicario Pedro Caves y Abreu, acompañado por varias damas de la sociedad salteña, sacó de la Matriz la imagen de la Virgen para evitar su destrucción por los derrumbes.

La Virgen fue trasladada entonces a la casa del alcalde y allí, entre oraciones y penitencias, pasó la noche mientras los temblores continuaron con cierta intermitencia aterrorizando a los pobladores.

La historia cuenta que esa noche, la imagen de la Matriz fue bautizada como Virgen del Milagro.

Fue a partir de entonces que comenzó a ser venerada bajo este título, con el que se la conoce en la actualidad.

De Cristo a Señor del Milagro



El título “Del Milagro” para la imagen surgió después de los terremotos de 1692.

Al principio fue solo para la Virgen Inmaculada, que apareció a la vista de todos prodigiosa y llena de sugerencias.

Ese nombre se oficializó en las actas del Cabildo, labradas en octubre de 1692.

Pero para el Cristo Crucificado llegado de El Callao un siglo antes, no se le dio título alguno.

Monseñor Miguel Ángel Vergara contó que “la tradición fue un tanto tacaña para la emocionante imagen del Señor”.

Hasta 1760, nadie lo había llamado “Señor del Milagro”. La primera novena, de 1760, realizada por el cura salteño Francisco Javier Fernández, párroco de Humahuaca, es la prueba definitiva. En ese texto al Santo Cristo no se le llama “Señor del Milagro” sino “Dios Crucificado” En 1760, Fernández presentó la novena al obispo Miguel de Argandoña, en una visita que hizo en Salta.

El prelado se la pasó al padre jesuita Ignacio Leiva, quien aprobó el texto diciendo: “Ha sido compuesto con notorio celo y devoción”. Nada dijo el jesuita sobre el nombre asignado al Santo Cristo.

De esto se deduce que el título “del Milagro” llegó después.

La historia del Santo Cristo y la Virgen del Rosario


En junio de 1592, las imágenes del Santo Cristo y de la Virgen del Rosario arribaron al puerto de El Callao.

Nunca se supo la suerte del barco que los transportaba, pues los cajones que guardaban las imágenes aparecieron flotando.

El día de la fundación de Salta, 16 de abril de 1582, el obispo del Tucumán, Fray Francisco de Victoria, presente en la ceremonia, prometió obsequiarle a la ciudad de Lerma la imagen de un santo Cristo.

Una década después, en junio de 1592, las imágenes del Santo Cristo y de la Virgen del Rosario arribaron al puerto de El Callao.

Nunca se supo la suerte que corrió el barco que las transportaba, pues los cajones que guardaban las imágenes aparecieron misteriosamente flotando cerca del puerto.

Días antes de ser encontrados, en El Callao empezaron a sentirse temblores. Al principio, como la gente estaba bastante acostumbrada a los sismos no les dieron mayor importancia.

Pero cuando comenzaron a sucederse uno tras otro, una multitud, por miedo a los derrumbes, abandonó la ciudad y se fue a la orilla del mar por considerarlo un sitio espacioso y más seguro.

Mientras, en la ciudad, las casas caían destruidas por causa de los temblores.

Pasaron un día y una noche cerca del mar hasta que al amanecer de la segunda jornada, cuando la niebla se disipó y el sol iluminó el paisaje, los ojos expertos de los marinos alcanzaron a detectaron en el horizonte del mar, en dirección sudoeste, dos objetos que marchaban serenos y tranquilos, como si un hábil piloto los dirigiera hacia el puerto. Y como la novedad corrió rápidamente de boca en boca, pronto una multitud se agolpó en la playa para tratar de ver los objetos flotantes.

Allí permaneció la multitud, hasta que un marino con un catalejo dijo que se trataba de dos enormes cajones.

Los llevaba la corriente, siguiendo el curso natural del agua y se aproximaban cada vez más a las orillas de El Callao.

Cuando los cajones estuvieron a poca distancia, el gobernador del lugar mandó varios botes para que los remolcaran hasta el muelle.

Finalmente, cuando llegaron a tierra, el gentío se arremolinó a su alrededor tratando de conocer su contenido.

Todos querían saber qué guardaban esos enormes bultos.

Cuando por fin se pudo ver bien, las cajas tenían rótulos grabados a fuego.

Uno decía: “Un señor Crucificado para la iglesia matriz de la ciudad de Salta, Provincial del Tucumán, remitido por Fray Francisco Victoria, obispo del Tucumán”

El otro, en tanto, rezaba: “Una Señora del Rosario para el Convento de Predicadores de la ciudad de Córdoba, Provincia del Tucumán. Remitido por Fray Francisco de Victoria, obispo del Tucumán”.

Un impresionante cortejo acompañó a las imágenes hasta Lima


Pese a que el sol en aquel día en que se abrieron los cajones que contenían las sagradas imágenes se aproximaba a visitar el trópico de Cáncer y por lo tanto debió sentirse todo el rigor del invierno, jamás se vio en la misma época una atmósfera más limpia y serena.

El sol irradiaba su luz de oro sobre aquella inmensa costa. Favorecida por aquel hermoso día, la población de El Callao se dispuso a acompañar a las efigies en su corta marcha a la ciudad de Lima, y que solo esperaba la salida del virrey para seguirle y aumentar el cortejo, que debía solemnizar aquella nueva procesión.

Al fin salió el virrey con toda su comitiva, a la que seguía una inmensa masa de pueblo y lo más notable de la población de El Callao. Las imágenes iban a la cabeza de aquel numeroso cortejo, y en los casi 10 kilómetros que hay del Callao a Lima, se aumentaron los acompañantes, porque, difundida la noticia de aquel suceso extraordinario, vecinos de toda la región llegaron para formar parte de aquella muestra de adoración que se le tributaba al Hijo de María.

La noche había entrado cuando el cortejo llegó a Lima, donde otra inmensa masa de gente aguardaba al Señor y a su Madre Santísima, a la orilla de la muralla en la zona conocida como Portada del Callao.

Desde allí, todo el acompañamiento siguió a las imágenes y al virrey hasta la Catedral, que fue abierta e iluminada en el momento que se anunció su llegada.

La recepción en la Catedral de Lima fue celebrada con cánticos sagrados que ejecutaba un coro.

En el soberbio edificio levantado por orden de Pizarro, se guardaron aquella noche las dos imágenes que allí quedaron depositadas.

Un largo camino desde El Callao hasta Potosí


Luego de que las sagradas imágenes, posteriormente bautizadas con el nombre del Señor y la Virgen del Milagro, fuesen objeto de una solemne fiesta que contó con la asistencia de las corporaciones eclesiásticas y del virrey, comenzaron los preparativos para trasladarlas a sus respectivos destinos.

Cabe recordar que permanecieron en la ciudad de Lima hasta el 28 de junio, día que salieron rumbo a Potosí.

Medio de transporte

Como los medios de transporte en aquella época eran muy pesados, tardaron muchos días en llegar a Potosí.

Allí, a imitación de lo que sucedió oportunamente en El Callao y Lima, las imágenes fueron recibidas y adoradas por una multitud de fieles católicos.

La población de Potosí, que por aquel entonces era rica y poderosa por la abundancia de producción de sus minas de plata, quiso también en esto ostentar sus riquezas y poder.

Aceptó entonces con agrado la orden del virrey de Lima, para que los más ricos propietarios condujeran las imágenes hasta la ciudad de Salta, cuya orden fue cumplida con la más escrupulosa exactitud, sobre todo con la finalidad de agradar a las máximas autoridades de la época.

Prosperidad, guerra y desaparición de Esteco


Don Francisco de Aguirre, designado en 1552 lugarteniente de don Pedro de Valdivia, fundó en junio de 1553 la ciudad de Santiago del Estero.

Dependía de la Capitanía General de Chile, pero por Cédula Real del 29 de agosto de 1563, esta ciudad pasó a integrar la nueva provincia del Tucumán.

Fue designado gobernador de la nueva jurisdicción, don Francisco Aguirre.

Este encomendó luego a su sobrino, Diego de Villarroel, la fundación de San Miguel de Tucumán, hecho que concretó el 31 de mayo de 1565.

Aguirre prosiguió luego hacia el Sur, rumbo al país de los indios comechingones, en procura de nuevas conquistas, pero un grupo de sediciosos que querían descubrir la “Ciudad de los Cesares”, lo tomaron prisionero y los remitieron a Charcas -acusado de hereje-, para ser juzgado por don Pedro Ramírez de Quiñones, enemigo de Aguirre.

Los rebeldes salieron de Santiago del Estero en dirección al Norte, costeando el río Salado o Juramento, y al llegar a una región habitada por los indios estecos decidieron establecer una población con los expedicionarios que se habían negado proseguir camino hacia el Alto Perú, por temor a ser juzgados ellos también. Este pueblo fue llamado Esteco.

Don Diego de Pacheco, sucesor de Aguirre, resolvió legalizar aquella fundación y con fecha del 15 de agosto de 1567, la designó Nuestra Señora de Talavera de Esteco.

En la actualidad subsiste un pueblito llamado Talavera, que se encuentra ubicado en el mismo sitio de aquella, en el actual departamento de Anta.

Madrid de las Juntas

Don Juan Ramírez de Velazco, que remplazó a don Hernando de Lerma en el gobierno del Tucumán, erigió otro pueblo sobre la ruta del Alto Perú a Tucumán.

En 1592 estableció una nueva población en la confluencia del río Pasaje y el río de Las Piedras.

La bautizó Madrid de las Juntas, al naciente del río de Las Piedras, Metán. Descontentos los pobladores de Talavera de Esteco y Madrid de las Juntas por la falta de protección ante los ataques indígenas, se quejaron ante la Audiencia de Charcas, la que facultó a don Alonso de Rivera para reunir ambos poblados en uno solo.

Esto se concretó en 1609. Los colonos de ambos villorios fueron trasladados a un nuevo paraje, ubicado sobre la margen del río Pasaje, emplazando allí una nueva población a la que se llamó Talavera de Madrid.

Pero los pobladores de la nueva villa por costumbre, siguieron llamándola simplemente Esteco.

El Pacto de Fidelidad


El 18 de octubre de 1844, a las 22, la ciudad de Salta vivió escenas de pánico y dolor por un fuerte movimiento sísmico.

Fue de tal magnitud que cayeron varias casas.

Los pobladores salieron de sus viviendas e imploraron misericordia de Dios.

Recordaron entre lágrimas cómo las sagradas imágenes del Señor y la Virgen del Milagro habían salvado Salta cuando se habían producido los temblores de 1692.

Los habitantes se concentraron en la plaza principal y acudieron presurosos a la Catedral, donde invocaron el auxilio divino y pidieron la protección al Señor y la Virgen del Milagro.

Al día siguiente, el 19 a la noche, se realizó una procesión de penitencia que salió desde la iglesia de San Bernardo y se dirigió hasta el templo mayor.

Fueron numerosas las personas que, en actitud de penitentes, avanzaron de rodillas.

Durante varios días se repitieron los temblores con gran intensidad. Tanto es así que salía agua de las grietas que se abrían en el suelo.

Se multiplicaron los actos de penitencia, dolor y arrepentimiento. El pueblo elevó súplicas y oraciones.

Siempre con la fe y esperanza depositada en el Señor y la Virgen del Milagro.

Luego vinieron días de calma, pero el 26 de octubre, un nuevo movimiento sacudió otra vez la ciudad, siendo el último el que se sintió.

Fue a las cuatro de la madrugada del día 27.

El pueblo de Salta pidió misericordia a Dios con la misma fe y devoción que lo habían hecho sus antepasados.

Y dieron las gracias a los patronos protectores que habían salvado nuevamente a la ciudad, en la cual, pese a los varios e intensos sacudimientos de la tierra, no hubo desgracias personales.

Al año siguiente, las autoridades civiles y eclesiásticas ordenaron públicas acciones de gracias.

El vicario capitular, de común acuerdo con el Gobierno de la provincia, reconoció la “visible y portentosa misericordia del Señor del Milagro y de Nuestra Señora la Virgen del Milagro, salvando, como en 1692, sin lesión alguna, a todos de las ruinas de los edificios”.

“Preparando así el ambiente -relata monseñor Miguel Ángel Vergara en su "Compendio de la Historia del Milagro de Salta'- de los gobernadores y del pueblo, el sacerdote doctor Cayetano González, en un emocionante discurso pronunciado en la noche del 18 de octubre de 1845, estableció el pacto de alianza entre el Señor y el pueblo de Salta”.


Las coronas de flores, desde 1890




Esta es la nota original actualizada de Eduardo Zavalía, autor de las coronas de flores, a más de un lustro de su muerte.



Las coronas de flores que cada 15 de septiembre engalanan las sagradas imágenes del Señor y la Virgen del Milagro obedecen a una antigua tradición familiar, que arranca desde, aproximadamente, el año 1890.



Fue cuando doña Florencia González Sarberry de Ovejero Zerda, esposa de don Sixto Ovejero Zerda, fundador del ingenio Ledesma en la provincia de Jujuy y gobernador de Salta cuando la invasión de las montoneras al mando de Felipe Varela, dispuso elaborar esas ofrendas en su casa de Florida 62.



Ese edificio fue, hasta hace poco, sede de la Municipalidad capitalina, empleando flores que hacía traer de su quinta La Noria, parte de cuya sala se conserva hasta hoy en Pueyrredón al 500, vereda oeste.



A la muerte de doña Florencia, ocurrida en marzo de 1920, la responsabilidad de esta tarea se dividió entre sus hijas doña Adelaida Ovejero González de Tamayo, quien se hizo cargo de la del Señor, y doña Electa Ovejero González de Figueroa Ovejero, de la de la Virgen.



La señora de Tamayo falleció en noviembre de 1949, sustituyéndola su hija doña Graciela Tamayo Ovejero de Mendióroz, quien murió hace más de una década, quedando a cargo desde entonces su hija doña Cecilia Mendióroz Tamayo de Durand Cornejo, elaborándose la corona del Señor en el domicilio de esta última, situado en Buenos Aires 181.



La corona



La señora de Figueroa Ovejero falleció en julio de 1924, quedando a cargo de la corona de la Virgen, su hija mayor, doña María Luisa Figueroa Ovejero de López, la que al fijar su residencia en Buenos Aires fue reemplazada por una de sus hijas, doña Alicia López Figueroa de Alderete, la que cedió la responsabilidad a su tía y segunda hija de doña Electa, doña Elvira Figueroa Ovejero de Zavalía Esteves.



Esta última, al fallecer en junio de 1991 dejó a cargo a su sobrina doña María Hortencia Figueroa García, la que a su vez fue sustituida dos años más tarde por una de las nietas de doña María Luisa, doña Martha Alicia Alderete López de Puló García, quien dirigió la tarea en casa de una de sus hijas, doña Mariana Puló Alderete de Goytia Etchevehere, en barrio Tres Cerritos.



Respondiendo al pedido de un descendiente de doña Florencia González Sarberry de Ovejero Zerda, se agradece por la valiosa colaboración que en la confección de las coronas prestaron siempre la señora Elisa Salguero de Ebber (ya fallecida), sus hijas Josefina y Hermia y sus nietas, quienes dieron el toque final a las artísticas ofrendas.

sábado, 3 de septiembre de 2011

MANUEL J. CASTILLA

Manuel J. Castilla nació en la casa ferroviaria de la Estación de Cerrillos (Salta), el día 14 de agosto de 1918.


Realizó estudios primarios en la Escuela Zorrilla para luego estudiar el secundario en el Colegio Nacional de su provincia natal.


Se dedicó al periodismo y las letras.


Es uno de los escritores fundadores del grupo "La Carpa".


Además de sus colaboraciones en diarios y revistas nacionales, publicó los siguientes poemarios:



Agua de lluvia (1941), Luna Muerta (1944), La niebla y el árbol (1946), Copajira (1949,1964, 1974), La tierra de uno (1951, 1964), Norte adentro (1954), El cielo lejos (1959), Bajo las lentas nubes (1963), Amantes bajo la lluvia (1963), Posesión entre pájaros (1966), Andenes al ocaso (1967), Tres veranos (1970), El verde vuelve (1970) y Cantos del gozante (1972), Triste de la lluvia (1977), Cuatro Carnavales (1979). También publicó un texto en prosa: De solo estar (dos ediciones en 1957) y el libro Coplas de Salta (1972, con prólogo y recopilación de Castilla).



En 1957 obtuvo el Premio Regional de Poesía del Norte (trienio 1954-56, Dirección General de Cultura de la Nación), por su libro Norte adentro fue galardonado con el Premio "Juan Carlos Dávalos" para obras de imaginación en la producción literaria (trienio 1958-60, Gobierno de Salta) por el poemario El cielo lejos, y con el Premio del Fondo Nacional de las Artes (Mendoza, Trienio 1962-64) por su libro Bajo las lentas nubes.


En 1967 recibió el Tercer Premio Nacional de Poesía por su obra Posesión entre pájaros.


Entre otras de sus más importantes distinciones se incluyen el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores (1973), el Primer Premio Nacional de Poesía del Ministerio de Educación y Cultura de la Nación (trienio 1970-72) y el Primer Premio Nacional de Poesía del Ministerio de Educación y Cultura de la Nación (trienio 1973-75).


Falleció en Salta, el 19 de julio 1980 por razones de diabetes.


En la escritura de Manuel J. Castilla convergen narración, poesía y mito.


En el libro De sólo estar, la estructura prosaica y la intensidad lírica condensan la presencia de los mitos del tiempo y del carnaval.


La línea de conciencia social trazada por Castilla en su producción lírica y narrativa es fundante en la literatura del NOA y posteriormente otros escritores retomarán esa problemática, como Héctor Tizón, Daniel Moyano, Francisco Zamora o Carlos Hugo Aparicio.


EL GOZANTE


Me dejo estar sobre la tierra porque soy el gozante.


El que bajo las nubes se queda silencioso.


Pienso: si alguno me tocara las manosse iría enloquecido de eternidad,húmedo de astros lilas, relucientes.


Estoy solo de espaldas transformándome.


En este mismo instante un saurio me envejece y soy leña y miro por los ojos de las alas de las mariposas un ocaso vinoso y transparente.


En mis ojos cobijo todo el ramaje vivo del quebracho.


De mi nacen los gérmenes de todas las semillas y los riego con rocío.


Sé que en este momento, dentro de mí,nace el viento como un enardecido río de uñas y de agua.


Dentro del monte yazgo preñado de quietudes furiosas.


A veces un lapacho me corona con flores blancasy me bebo esa leche como si fuera el niño más viejode la tierra.


De cara al infinitosiento que pone huevos sobre mi pecho el tiempo.


Si se me antoja, digo, si esperase un momento,puedo dejar que encima de mis inglesamamante la luna sus colmillos pequeños.


Zorros la cola como cortaderas,gualacates rocosos,corzuelas con sus ángeles temblando a su costado,garzas meditabundas yararás despielándose, acatancas rodando la bosta de su mundo,todo eso está en mis ojos que ven mi propia triste nada y mi alegría.


Después, si ya estoy muerto,échenme arena y agua.


Así regreso



LA POMEÑA


Eulogia Tapia en La Poma


al aire da su ternura


si pasa sobre la arena


y va pisando la luna.



El trigo que va cortando


madura por su cintura.


mirando flores de alfalfa


sus ojos negros se azulan.


El sauce de tu casa


está llorando


porque te roban, Eulogia


carnavaleando.


La cara se le enharina,


la sombra se le enarena


Cantando y desencantando


se le entreveran las penas.


Viene en un caballo blanco


la caja en su mano tiembla


y cuando se hunde en la noche


en una dalia morena.


LETRA: Manuel J. Castilla


MÚSICA: Gustavo (Chuchi) Leguizamón


El otro perfil del "Barba" Castilla


“Es el poeta que menos murió al morir”


Mucho me costó hilvanar las palabras para tributar mi homenaje al “Barba” Castilla,


¡Oh…, sorpresa!, anotado en el Registro Civil, al igual que su acta bautismal como “Manuel José Castilla”, en el veintitrés aniversario de su desaparición física.


Así como me produjo algunos inconvenientes para esbozar los pensamientos para volcarlos al papel


-en este caso que me brotaban del corazón-, algo parecido se me presentó con respecto al título que debía aplicar a esta nota.



Recordé, tras mucho divagar, de una frase del célebre poeta, novelista y ensayista francés Guillaume Apollinaire, el seudónimo de Wilhelm Apollinaire de Kostrowitsky (1880-1918).


“Es el poeta que menos murió al morir”


A este grande de las letras argentinas lo conocí desde que me vestían con pantalones cortos en el desaparecido diario “El Intransigente”, donde mi padre ocupaba la subdirección desde los veintidós años, secundándolo a David Michel Torino.


Fui creciendo y siempre admirando a este ejemplar que interrumpía su teclear en la negra “Rémington” para acariciarse su barba y levantarse los cabellos que se le caían sobre la frente.


Veintitrés años han pasado y su obra se mantiene fresca y vigente.


La voz del poeta que se silenció el l9 de julio de 1980 es oída casi con la misma intensidad con que recitaba sus versos con sus compañeros de la redacción del diario, en las trasnochadas reuniones con los vates junto a Juan Carlos Dávalos, o en las carpas de su Cerrillo natal.


El “Barba” hacía bizarría de su ingenio.


Por los avatares políticos en cierta oportunidad el gobierno, a los efectos de silenciar la constante oposición que le hacía la publicación, dispuso el traslado de todos los periodistas y gráficos para prestar declaración ante el Congreso de la Nación al sentirse un legislador “tocado” por un artículo del diario.


La censura no tuvo efecto a raíz que se contrataron linotipistas y armadores de otras provincias y el material periodístico era escrito por estudiantes, amigos y distinguidos profesionales.


Aquí aparece la chispa de Manuel.


Parodiando a una canción de moda escribió lo siguiente:


“Adiós muchachos ya me voy para Devoto…


frente a la cana, me silva el coto”.


Años después fue clausurado “El Intransigente” y cambió el bullicio de las rotativas para dedicarse a vender choclos y zapallos frente a la plaza “9 de Julio”y a escasos metros del Cabildo Histórico, sitio que era rodeado por prestigiosos escritores del momento y de sus hijos que heredaron su veta literaria..


En 1956, “El Intransigente” vuelve a vocearse por las calles de Salta y el destino me lleva a ser compañero del Barba Castilla, junto a Raúl Aráoz Anzoátegui; Aristóbulo Wayar, Ervar Gallo Mendoza, Miguel Ángel Pérez, Walter Adet, Jacobo Regen, Víctor Abán., Benjamín Toro y Luis Andolfi.


Por mi juventud era mimado por el poeta, autor de numerosas obras que lo hicieron acreedor de importantes premios.


Entre los libros editados se puede mencionar, entre otros: “Agua de lluvia”, “La niebla y el árbol”, Copajira”, “La tierra de uno”, “Norte adentro”, “El cielo lejos”, “Bajo las lentas nubes”, “Cantos del gozante” y “Tres veranos”.


Al mediodía con un “vamos changuito” partíamos a comer picante de panza con algunos compañeros de la mesa de redacción al boliche de “Balderrama”, siendo los únicos privilegiados entre los parroquianos -en su mayoría obreros y aurigas de coches de plaza-, de comer con improvisados manteles productos de tiras de papel que extraíamos de las bobinas de nuestra fuente de trabajo.


Interpreto, con toda modestia, que expuse otra faceta de Manuel J. Castilla, propietario de una particular singladura literaria y muy poca conocida.


Andrés Mendieta


EL UNIVERSO DE MANUEL J. CASTILLA


Son tan vigentes la vida y la obra de Manuel J. Castilla que, estoy seguro, a nadie le parece que ya hacen veinte años de la muerte de la primera, pues, la segunda está naciendo todavía.


Tanto que ambas, la vida y la obra, siguen siendo fuentes de estudios investigativos, de conclusiones diferentes y de infalibilidad equivocadas.


Quien más, quien menos, ha hecho su mundo propio del mudo literario o vital de Manuel José Castilla.


Y todos son válidos, porque la cotidianeidad y el texto poético del hombre y del autor literario son tantos como interlocutores tengan sus días y de sus versos.


Permítaseme, entonces, entre tantas experiencias que el hombre y el poeta de “Andenes al ocaso” tuvo con amigos, con la gente y hasta con personajes extraños, que yo intente la confidencia de mi propia experiencia con Manuel J. Castilla y su relación con nombres y cosas que identifican y determinan el protagonismo de distintas generaciones en una misma época.


Acaso porque es inevitable decir su nombre sin que, simultáneamente, nuestra memoria no convoque también a otros nombres relacionados con hechos concretos del movimiento cultural de Salta y la Argentina.


Es que Manuel J. Castilla, como muy pocos fue un aliento receptivo e impulsor de vocaciones y proyectos, pronto a crear las posibilidades del universo creativo de las acciones edificantes del ideario artístico y social proyectado a mejorar el espacio y el tiempo externo e interno de SaltaMás allá de los ensayos que se ocuparon de analizar los más recónditos motivos lingüísticos y antropológicos de su poesía, de los “ismos” y las ecuaciones semánticas y dialécticas, la conciencia popular aún no tiene conocimiento de lo que el hombre, el poeta hacía pensando en la dignificación de su pueblo, no sólo a través de la literatura y de su cancionística, sino alegre y preocupadamente hundido en la diaria necesidad ontológica de las personas.


Cualquier hecho intrascendete le significaba a Manuel Castilla la imprescindible oportunidad pedagógica para aplicar su didáctica en pro de aprender, o enseñar a la gente.


La conversación con un carnicero podría convertirse de pronto en un compendio fundamental e instructivo para no equivocarnos en el corte, el tiempo de cocción y la textura del punto exacto de los más exquisitos platos con carne vacuna y, a la vez, saber la geografía productiva de la ganadería del mundo y su referencia a los climas de Salta según la tonada y el número de versos de esa o aquella copla perteneciente a tal o cual región de la provincia.


Claro, ningún académico o intelectual puede ocuparse de esta supuesta siempre menor de Manuel Castilla, como también es cierto que la mayoría de los académicos e intelectuales no poseen la virtud de relacionar el común de los días de un poeta con la higienización de la sociedad, como lo quería Octavio Paz, por intermedio de su constante creativa, ya que el verdadero artista jamás abandona su proceso creador.


Es evidente que a todo esto, Castilla lo sabía. Su poder de observación no cesaba.


Un apellido, un oficio, la manera de caminar de un desconocido le indicaba un origen, la costumbre de alguna región y, siempre, su memoria escarbando la historia o los modos de la tradición.


De la tradición del hombre, quiere decir, que al fin y al cabo es el que hace, soporta y cambia todas las tradiciones.


Era imposible que un lustrabotas no saliese con unas monedas de más en el bolsillo y algún texto en sus oídos referente a su trabajo o al sueño inalcanzable que el propio lustrín le confiaba, o que al otro día se hallara con el cuerpo de la promesa hecha, ya fuese un libro, un par de medias o el pasaje para ir a ver a su madre a Morillo; hasta los gatos de Cacho Aramayo lo saben.


Alguna vez dije que la anécdota es una caricatura de la vida, sigo sosteniendo lo mismo, porque en Manuel Castilla las anécdotas son las que le inventaron quienes quisieron encontrarle solemnidad, complejidades psicofilosóficas o encasillamientos sociológicos; en realidad, Manuel Castilla era así, vivió aplicando su conocimiento, trabajando siempre en su raíz intuitiva sin explicar sus frutos.


Porque sabía que lo simple viene de lo práctico, Castilla prefirió la sencillez de la sabiduría.


Por eso siempre abrió las puertas de su casa, nos prestó su biblioteca y hasta arriesgó sus propios poemas a nuestras correcciones.


Para eso tuvimos que ser sobrevivientes de su crítica, de su razón tan bien intencionada que no pocos le debemos el nombre en letras de molde o la vigencia de algún cuarto de página.


Castilla fue aliento y desafío ante el emprendimiento infinito que significa el intento de cualquier obra artística, pero también doloroso rigor ante los balbuceos del alma


Jamás dejó de conversar la poesía, de sugerirnos la poética de la vida y de prevenirnos el riesgo de soportarlo todo, incluso el desprecio de nuestros propios seres queridos.


Y así supimos compartir su mesa y, por supuesto, la honra de su trabajo en la comida.


Lo mismo que su trascendencia y la magnitud de su obra, hasta sus recopilaciones de coplas populares ya no le pertenecen.


Cantó al hombre y a la esencialidad latinoamericana, a la soledad y a las adversidades e injusticias propias y ajenas.


Con su ser, de naturaleza a naturaleza fue tatuando su sentido de muerte, la médula de su estética.


Sin embargo, todo artista permanece en su origen


Acaso por lo mismo, Manuel Castilla siempre creyó que en cada persona existe un original que es necesario educar y desarrollar para alegrar y hacer menos dramática la existencia de la especie humana.

Hugo Roberto Ovalle-El Tribuno 21-07-2000

domingo, 28 de agosto de 2011

JUAN CARLOS DAVALOS




Juan Carlos Dávalos nació en Salta, el 11 de enero de 1887.

A los dieciséis años, junto con David Michel Torino, fundó el periódico "Sancho Panza".

Más tarde, se desempeñó como profesor de Literatura y otras asignaturas en el Colegio Nacional de Salta, en el que llegó a ser Vice Rector.

Fue Director del Archivo General de la Provincia y Director de la Biblioteca Provincial "Dr. Victorino de la Plaza".

Falleció en Salta, el 6 de noviembre de 1959.




En el año de 1921, en el campo de la cultura, acaecieron sucesos que quedarían grabados en la memoria colectiva de los salteños, como la conferencia memorable que pronunciara el poeta Juan Carlos Dávalos en la sede del Jockey Club de Buenos Aires, estimulada entre otros por el propio Dr. Castellanos, poeta y escritor, quien a sus 60 años mantenía su siempre vivo interés por el mundo de las letras.



Desde su regreso a Salta, el primer mandatario y el joven Dávalos entablaron una cordial amistad e intercambio de ideas sobre temas que les eran comunes, y es así que en su carácter de gobernador de la provincia Castellanos le remitió al conferencista un efusivo telegrama de salutación en nombre del gobierno a su cargo; manifestándole el orgullo y complacencia de todos sus comprovincianos por su atrayente y amena disertación.



Pese a que Dávalos, ya era conocido por la difusión de varios de sus libros en Buenos Aires, al decir de sus biógrafos, con esta conferencia irrumpíó en el ámbito literatura a nivel nacional, tenía en aquella época 34 años de edad.





Fedrico Castellanos Uriburu, Dr. Joaquín Castellanos, Ricardo Güiraldes, Juan Carlos Dávalos y Alberto Mendioroz



La extensa producción de Juan Carlos Dávalos recorre la prosa, la poesía y el teatro.



Publicó los siguientes poemarios: De mi vida y de mi tierra (Salta, 1914), Cantos agrestes (Salta, 1917), Cantos de la montaña (Buenos Aires, 1921), Otoño (Buenos Aires, 1935), Salta, su alma y sus paisajes (Buenos Aires, 1947), Últimos versos (Salta, 1961).



Sus textos narrativos publicados son: Salta (Buenos Aires, 1918), El viento Blanco (Buenos Aires, 1922), Airampo (Buenos Aires-Córdoba, 1925), Los buscadores de oro (Buenos Aires, 1928), Los gauchos (Buenos Aires, 1928), Los casos del zorro (Buenos Aires- Córdoba, 1925), Relatos lugareños (Buenos Aires, 1930), Los valles de Cachi y Molinos (Buenos Aires, 1937), Estampas lugareñas (Tucumán, 1941), La Venus de los barriales (Tucumán, 1941), Cuentos y relatos del norte argentino (Buenos Aires, 1946), El sarcófago verde y otros cuentos (Salta, 1976).



También dio a conocer textos dramáticos, como Don Juan de Viniegra Herze (Salta, 1917), Águila renga, comedia política (Buenos Aires, 1928, escrita junto a Guillermo Bianchi), La tierra en armas (Buenos Aires, 1935, escrita junto a Ramón Serrano).



Su extensa édita ha sido descripta por Iris Rossi en un completo estudio bibliográfico publicado en 1966 por el Fondo Nacional de las Artes.





En el año 1997, el Senado de la Nación editó, en tres tomos, las Obras Completas de Juan Carlos Dávalos.



La tarea de promover una cultura propia de la región del noroeste emprendida por Juan Carlos Dávalos genera un campo literario que muestra ciertas constantes y que, en las primeras décadas del siglo XX, comienza a reconocerse bajo la designación de "regionalista".



La región que se dibuja en la prosa de Dávalos se circunscribe principalmente a los valles calchaquíes.



Los personajes de este ámbito, que se encarnan en hombres, animales y paisajes, vehiculizan la voluntad de rescate de un extenso material léxico y de las raíces precolombinas.



Dávalos también enfoca -sobre todo en Los Gauchos- la región selvática conocida como "La Frontera".



Así, en la producción davaliana se proyecta una imagen de contactos interegionales que se extiende hacia un espacio andino-chaqueño.





Sepelio de Dn. Juan Carlos Dávalos



Un caballero andante de las letras



Yace aquí el Hidalgo fuerte que a tanto extremo llegó de valiente, que se advierte que la muerte no triunfó que su vida con su muerte, tuvo a todo el mundo en poco; fue el espantajo y el coco del mundo, que tal coyuntura, que acreditó su ventura morir cuerdo y vivir loco".



Estos letras encontradas entre amarillentos papeles olvidados en un rincón de mis archivos reproducen una obra de varios siglos atrás, pareciera que su autor, en aquel tiempo, escribió para un grande a quien en esta edición recordamos.



Este "Hidalgo fuerte", fue tan fuerte que ni la muerte pudo matarlo aquel 6 de noviembre de 1959.



Esa misma muerte que aún llora por su fracaso porque él está aquí y vive entre nosotros.



Este personaje que pasó a ser el alma de Salta se llama Juan Carlos Dávalos, "Don Sanca".



Mucho se ha escrito sobre su labor literaria; de sus anédoctas y de sus expresiones líricas que dejó para la crítica en prestigiosos cenáculos del país como del extranjero.





Quien es quien



Nada mejor en esta recordación del maestro de generaciones de intelectuales que la trascripción de una carta que "Don Sanca" -como afectuosamente lo llamábamos- le enviara desde Cachi a Juan José de Soiza Reilly -cuyos antecedentes no encontré- la que fuera publicada en la desaparecida revista porteña "Caras y Caretas, en su edición Nº 1.826, del 30 de setiembre de 1933.



La epístola aparece fechada en Cachi, el 6 de setiembre de 1933.



Hurgado papeles en mis tareas de"buceador" de la historia o, como se dice, "rata de bibliotecas" me sorprende algunos datos que, por la sensatez del autor, llego a interpretar algunos deslices sobre los personajes de su memorias familiares.



Ruego mil dispensas a los lectores por haber invadido con las "notas" que plasmo al pie del presente artículo.



El escrito comienza diciendo:



"Mi querido amigo: creo necesario puntualizar algunos datos del reportaje.



En primer lugar, mi "charqui" genealógico: por línea materna vengo de patriotas y por la paterna de realistas.



He aquí como:



Don Gervasio de Isasmendi el último gobernador realista de Salta, casó con su sobrina doña Jacoba de Gorostiaga.



De este matrimonio nace doña Ascensión Isasmendi.



Esta se casó con el doctor José Benjamín Dávalos, graduado en Charcas y que murió en 1886, siendo gobernador de Salta. Hijo del doctor Benjamín Dávalos y de doña Ascensión Isasmendi, fue mi padre, quien falleció en 1900, cuando yo tenía 13 años.



Por línea materna desciendo de doña Francisca Güemes -hermana del General Martín Miguel de Güemes- esposa de don Fructuoso Figueroa.



De este matrimonio nació doña Luisa Figueroa.



Esta casó con Francisco Costa, y su hija Isabel Costa casó don Domingo Patrón.



Hija de ambos es mi madre, doña Isabel Patrón Costa de Dávalos.



Mi abuelo Dávalos fue hombre de carácter austero y de gran cultura.



Yo vi en la biblioteca de mi padre [Arturo León Dávalos] apuntes de puño y letra de mi abuelo.



Eran máximas selectas de diversos autores, aforismos, pensamientos, glosas de sus lecturas, en una caligrafía preciosa, casi atildada.



Esos manuscritos se perdieron.



Mi padre heredó la tenencia a la expresión escrita, y siendo muchacho escribió versos de los que renegó cuando -ya hombre- comprendió que la prosa era su veta.



Dejó un libro, "Noticias Históricas sobre el Tucumán".



Publicó folletos sobre temas educacionales, unas vistas fiscales, otro sobre la cuestión argentino-chilena, otro sobre la Puna de Atacama.



Su tendencia literaria respondía más a su cultura jurídica y a sus fines políticos, que era un verdadero temperamento artístico."



"Se graduó en Derecho en la Universidad de Buenos Aires.



Estudió en sus primeros años, en el Colegio de la Compañía, en Córdoba".



"Entre mis antepasados por la línea materna, recuerdo haber oído citar en casa como intelectuales -aunque no como escritores- a mis tíos abuelos, don Daniel y Robustiano Patrón, educacionista en Córdoba y en Salta, respectivamente, y hombres cultores del latín y del francés.



Mi abuelo, don Domingo Patrón, era estanciero, y en sociedad con don Roberto -padre del actual Robustiano [+24/9/65], presidente del Partido Demócrata Nacional-, crearon una fortuna muy grande para su época, estableciendo en Salta los primeros aserraderos mecánicos, con maquinarias traídas de Inglaterra, y la más próspera curtiduría del norte argentino".



"Otro tío abuelo mío por línea materna, don Luis Avelino Costas, fue en sus mocedades un buen poeta romántico, publicó versos en los diarios de Salta, pero no llegó a imprimir libros.



Todos estos datos se refieren a los años comprendidos entre 1845 y 1870".



Como artesano de las letras



Juan Carlos Dávalos en su carta a Soiza Reilly habla ya de sí, en estos términos:



"Mi vocación despertó a los 13 o 14 años.



El año que murió mi padre, pasé el verano con mi abuela Isasmendi, en su finca Colomé, en tierras calchaquíes, donde mi bisabuelo había tenido una enorme encomienda: la que hoy es todo el departamento de Molinos.



Las originales costumbres, los quehaceres domésticos, morales e industriosos de mi abuela, sus colerones, sus rezos, sus reniegos con la servidumbre, en fin, todos los aspectos de un carácter excepcionalmente apasionado y enérgico, los consigné en un cuaderno escolar, y en secreto.



Uno de mis tíos me sorprendió escribiendo, leyó los apuntes y se armó un alboroto. Sofocón de mi abuela, llanto, reprimenda de mis tíos, y por último secuestro y destrucción de las páginas indiscretas e irreverentes".



"A los 15 años publiqué versos, muy malos naturalmente, en los diarios de mi pueblo, y artículos periodísticos de diversa índole: crítica social, crítica literaria, actividades estudiantiles, etc.



A los 17 años, en compañía de David Michel Torino, actual director de El Intransigente, y de Julio J. Paz, el periódico estudiantil "Sancho Panza" que murió al 5º o 6º número, víctima de su propia insensatez".



Más adelante cuenta sobre sus estudios ya sea en el Nacional de Salta, en el San José de Buenos Aires y cuando su madre aspira tener un hijo abogado el poeta a quien estamos honrando en el nuevo aniversario de su muerte, acaecida el 6 de noviembre de 1959, confiesa: "… pero como yo disponía de harto dinero, en vez de estudiar, me dediqué a la vagancia y a la lectura.



Después de 3 años de "hacer de estudiante" me vine a Salta, donde compré un aserradero y serruché 80,000 pesos, arruinando, o poco menos, a mi familia que pagaron mis deudas y no me dejaron quebrar".



Al concluir su autobiografía -escrita en l933- rinde su homenaje a la esposa, "mi mujercita". "Se llama María Celesia Elena.



Yo la llamo "Doña Chela", cariñosamente, porque es la señora de mis pensamientos y la inspiradora de mis versos, y alentadora de mi incurable pereza para escribir…



Si fuera posible mentarla -cuenta más adelante- sólo como lo es: un alto y puro espíritu excepcionalmente noble, quedaríamos encantados.



Es mujer de su casa y no desea verse en evidencia".



Clara vivencia de un hijo privilegiado de Salta: hombre y poeta; arte y vida. Un bohemio con aire de caballero de España y de hidalguía de todos los bohemios.



Andrés Mendieta


sábado, 13 de agosto de 2011

CESAR FERMIN PERDIGUERO

Poeta y periodista, y como el decía "solo aficionado a la historia" era miembro del número del Instituto de Estudios Históricos San Felipe y Santiago.

Incursionó en la música, cantaba "cuando chango" con Eduardo Falú.

Ha realizado un copioso aporte a la cultura provincial y ha aportado a la canción de proyección folklórica los versos de interesantes obras como :"India Madre" con Falú, "Estoy de vuelta" con F. Portal.

Autor de Letra y Música de "Chaya de la Soledad", "Guitarreando" con Isella, "La Calixto Gauna" con J. J. Botelli. Fue uno de los organizadores "y alma mater" del Festival Latinoamericano de Folklore.

Se desempeñó como jefe de redacción del Diario El Tribuno,


En las intersecciones de las calles Joaquín Castellanos, Lavalle y Pje. Dr. Eduardo Wilde se erige el monumento que los salteños supimos levantar a la memoria de Don César Fermín Perdiguero, reconociendo de esta manera su fecunda labor a favor de la cultura en los ámbitos de la literatura, el periodismo radial y escrito.


En ese lugar, año tras año se reúnen amigos del poeta, intelectuales y un público que no olvida las sentidas páginas en diarios capitalinos y sobre todo aquella audición en donde Don César comenzaba diciendo:


- De noche, a veces… y finalizaba … Churo ¿no?.


Me veo junto a mi padre en actitud respetuosa y en total silencio.


Sus palabras aún resuenan en mis oídos, y toda la ciudadanía estuvo por mucho tiempo embelezada por la maravilla que fueron sus anécdotas e historias.



César Fermín Perdiguero con José Juan Jacobo Botelli


Voy a decir con un total convencimiento, que fueron todos los hogares que en aquel entonces encendían la radio cuando se emitía “Cochereando en el recuerdo”.


Igualmente con la sección “La Salta de antes”, en un diario local.


“Cultural de los domingos”, en donde se posaban nuestros ojos antes de abordar el mundo cruento de las noticias.



Falú - Perdiguero


Una indescriptible alegría nos acontecía al enterarnos de que en la ciudad existía un tranvía, el nombre antiguo de las modernas calles, y de los personajes de Salta antigua.


Emilio Zola, un grande de las letras, expresó que se combate también con la escritura.


Es cierto, después de leer “Calixto Gauna” de Perdiguero, siento una voz decidida en ese libro, que invita a cargar contra el enemigo de la patria.


Los que vendieron nuestros montes, que trafican con nuestros recursos genuinos, la pérdida del talento de miles de argentinos que deben emigrar del país por la falta de trabajo, o cientos de escritores que no pueden editar sus libros, o los miles de estudiantes que no pueden ingresar a las universidades.



El “Calixto Gauna” fue editado por una empresa que hizo mucho por la cultura: “El Estudiante” Juan Carlos Dávalos, Joaquín Castellanos, Néstor Saavedra, fueron lanceros feroces, hasta hoy escuchamos sus gritos estremecedores.


Un empleado de archivo, el señor Miguel Ángel Salóm, el mismo que rescatara valiosos documentos históricos y por el que hoy sabemos certeramente los lugares físicos donde nació y murió el General Güemes.


También fue un artífice como el más valiente de nuestros gauchos, colaborando en el libro sobre la historia de Calixto Gauna de Don César Fermín Perdiguero.


Calixto Gauna, a través del libro de Perdiguero, sigue cabalgando por una senda gloriosa como en aquellos ocho días decisivos en la historia de la patria.



Calixto Gauna se incorpora en la historia de los más grandes porque es el ejemplo de ciudadano que hizo lo que debía hacerse, en el momento preciso a riesgo de perder su propia vida, y el poeta Perdiguero, igualmente se convierte en un guerrero que nos enseña con su libro, que no debemos olvidar a quiénes pusieron su coraje, el corazón, ofrendando la vida por la patria.


En el libro “El Cerro San Bernardo”, César se personifica en un águila, los caballos se encabritan, bulle la sangre, el viento sopla fuerte porque es un poeta, Don César, que está gritando “¡Esta mi patria!”


Debemos leer en estas palabra, en sus libros, en las coplas una reflexión profunda, cuiden el pago, éste donde nuestros antepasados amaron y sufrieron.


El viene en un mateo, contempla absorto su cerro San Bernardo, y escribe un poema largo.


Escuchemos el casco de los caballos, el rechinar de sus aceros, el poeta va en busca de sus amigos.


Es carnaval.


El cerro es su norte, destino de un cantor, y también su cobijo, en esta manera nuestra de querer la tierra, y de nuestra alegría de vivir.


César Fermín Perdiguero ha marcado el tono y el acento del modo que tenemos de expresarnos.


Han quedado sus anécdotas, pequeñas grandes historias que se marcaron a fuego en nuestras almas.


Junto a él hemos reflexionado sobre la dimensión histórica de los comienzos de la patria.


Comprendimos que nuestro pasado fue inconmensurablemente rico, y lleno de heroísmo.


Nos pintó tal cual somos, lentos al hablar, contemplativos, y sobre todo, dotados de una inventiva formidable.


César Fermín Perdiguero ha vivido la bohemia, ha transcripto la historia.


Fue diligente al volcar en el papel, algo contado por una tía.


Más de una vez una señora de la periferia ciudadana, le contaría que el duende existe.


O un señor elegantemente vestido, le señaló una casa de adobe, señorial, manifestando “allí vivían mis abuelos”.


Estamos volviendo a las cosas lindas, a las acciones buenas, a las buenas historias, como esas que nos contaba Don César Fermín Perdiguero.


En un país difícil, en esta obra sentimos una necesidad vital de tomar la antorcha y gritar “¡Libertad!”


Recordemos el adagio japonés: “El homenaje a nuestros muertos no consiste en llevarles flores o inciensos, el homenaje a nuestros muertos consiste en proseguir sus obras”.


Héctor Anibal Aguirre


Click en el Enlace


El Duende - Relato


http://www.youtube.com/watch?v=IwlOOtYXst8